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Percibo a mi alrededor un clima melancólico. La ultraderecha de fiesta, el maquillaje de CFK se le corre en la mejilla, el presidente hondureño Zelaya tiene en pijama sucio en Costa Rica y aquí, en Buenos Aires, llueve. Aprobaron en Uruguay la "Ley de personas de ambos sexos", que intenté entender qué era y no lo pude hacer. Es algo como que en cada votación debe haber representantes de ambos sexos disputando los cargos. Prácticamente ya no tiene sentido la lucha por la igualdad de los sexos...
Y es más, estoy pasando por una época melancólica porque, a fin de cuentas, acostumbro a estar melancólico. Que el mundo esto o lo otro, me da igual, mi melancolía sigue incólume, pues mi melancolía, aparte de ser auténtica y nutrirse de esta época particularmente melancólica, es una pose. Pongo cara de saudade apenas me dispongo a saludar. Al despedirme es peor, casi como si me doliera, por ejemplo, la muerte de Farrah Fawcett. Lo cierto es que no me dolió la muerte de Farrah Fawcett. La verdad es
ni siquiera me importó la muerte de Michael Jackson. La gente anda muriéndose todo el tiempo, ¿por qué debería preocuparme? Sin embargo, por la pose que adopto (y que también es parte mi naturaleza), parezco afectado.
La pose del melancólico es interpretada muchas veces como una pose de dolor.
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Sin embargo, soy consciente de que hay gentes más melancólicas que yo, y que posa de melancólica con más intensidad que yo.
Esto no me afecta, claro. Solo tomo apunte.
Uno de estas gentes es Antonio Tabucchi. Tengo un libro suyo en la mano,
"El juego del revés", Anagrama, 2001, traducción de Carmen Artal. Es un libro verde.
¿Qué me pongo esta noche? (What Shall I Wear tonight?) es el título del cuadro de Martin Leman que va en la tapa...
El verde es un color melancólico... y no entiendo la ilustración, ¿qué hace en un libro como este?
Preguntas... siempre hay preguntas...
"Le puéril revers des choses" (El pueril revés de las cosas), dice el epígrafe del libro, tomado de Lautréamont.
Tabucchi vive una melancolía más intensa que yo, y no me da envidia, no, no...
Escribe como si se preguntara:
¿En qué momento me han metido esta escoba tan grande en el culo? ¿Me duele... no me duele...? Es difícil saber... Voy a ponerme a reflexionar sobre el arte... Pero no utilizaré el escritorio, ni la mesa de un café... mejor me recostaré en el piso de mi estudio, así estoy más cómodo... ¿me duele... no me duele...? El arte contemporáneo solo puede hablar de la falta de alma... Oh... Oh... ¿me duele?
3
El primer cuento es muy hermoso,
"El juego del revés", tan bont vivant en la prosa, tan sentido el sentimiento. Un hombre, es Tabucchi, que piensa mucho en la muerte. Y es delicado. Es poético,
todo el tiempo es poético. Escribe con guantes blancos, de seda, pero con agujeros por los que le salen los dedos. "Cuando María do Carmo Meneses de Sequeira murió, yo estaba contemplando Las Meninas de Velázquez en el Museo del Prado", así empieza el cuento. "Y en aquel momento me encontré en otro sueño", termina el cuento. Ya pueden imaginarse lo que hay en medio.
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"Carta desde Casa Blanca", se llama el segundo cuento. La misiva de un travesti argentino, que nació en Italia y le escribe a su... y se apoda con el nombre del árbol de palmera que los dos querían mucho, Giosefine, y le cuenta la historia de su vida que empezó en un colegio religioso en Mar del Plata y termino en...
"Teatro" se llama el mejor cuento. Un militar portugués conoce en un país africano a un diplomático inglés, que lo invita una noche a su casa, y luego de la cena lo invita al teatro, pero este teatro resulta ser un galpón de madera improvisado donde el inglés se pone a interpretar a Shakespeare, durante muchas visitas, las obras más famosas, haciendo todos los papeles. Esto dura un año hasta que el militar portugués... Buenísimo el cuento.
"Paraíso celeste" es un cuento en que una italiana estudiante de arte se pone a practicar un diseño floral japonés, instada por su jefa, y presencia cómo la aristocracia europea vende muerte al África mientras su putas esposas juegan con flores...
"Las tardes de sábado" es un cuento con título hermoso. Me hubiese gustado saber de qué trata. En la sexta página anoté con lápiz de papel, luego de leer unas líneas sobre el verano en las azaleas:
"me importan un huevo tus azaleas". Y luego anoté, en la séptima página, al final de un largo párrafo:
"realmente no entendí absolutamente nada de este párrafo". Y creí entrever un desperfecto en ciertas líneas, pues en la melancolía se me da a veces de mecánico. Dicen las líneas: "y las manos sobre el regazo, aparentemente inmóviles, eran sacudidas por un estremecimiento imperceptible". ¿Cómo, pregunto, si el estremecimiento era imperceptible, lo notaría el narrador, pues no es un narrador omnisciente sino un niño que es también personaje del cuento? Y no obtuve nada más de este cuento.
5
"Dolores Ibarruri llora lágrimas amargas", es el garciamarquezco título de uno de los cuentos. Tiene esta anécdota memorable: "Se escribían cartas, jugaban a un juego, era un juego precioso, es decir, creo que era una cosa muy poética, leían libros y después se escribían cartas como si cada uno de ellos fuese un personaje de los libros que habían leído, personajes inventados o personajes históricos..."
"El pequeño Gatsby" es otro cuento, con personajes de, claro, FItzgterald, y tiene esta línea preciosistamente preciosa: "ha tenido una infancia cariada que de vez en cuando le duele con punzadas agudas". Y el resto del cuento no importa mucho.
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El último cuento habla de una tipa que trabaja recibiendo llamadas de suicidadas, y ella tiene que evitar que se maten hablándoles de cualquier cosa. Una telemárketer de la vida.
"Voces", se llama. Lindo cuento.
7
Me he quemado el bigote al encender un cigarrillo. Esta crónica huele a pelo quemado...
8
Tabucchi...
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