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viernes, 6 de marzo de 2015

"Matilde", de Daniel Guebel


Ed. Sudamericana, Bs. As. 1994

Esta es la segunda vez que abandono la lectura de esta novela -las razones no las sé, en todo caso no encontré por qué continuarla ahora-, esta vez colgada contra las rejillas del balcón, tal como en la foto. El protagonista ha decidido a abandonar a su amante, una mujer mayor, llamada Matilde, con quien empezó una relación de manera casual y rápidamente terminaron viviendo juntos, ella completamente enamorada, él no tanto. Según la contratapa el hombre, que se llama Emilio, la abandonó. 55 páginas leídas. Creo estar seguro de que ocurrió así, sin embargo ese "no la ama pero no la puede abandonar" de la contratapa me hace dudar. Levemente, pero es duda al fin. Uno debe confiar en sus lecturas, no en las de los demás. No me parece correcto que dependamos de lo que digan los demás sobre los libros que leemos; aunque lo hagan en las contratapas; incluso me parece indicado desconfiar de lo que diga un autor sobre sus libros -no suele ser más que alarde y vanidad y sinsentido-, y por supuesto hay que desconfiar de lo que dicen sobre el libro en el mismo libro, en los arranques de autoconciencia del narrador (una actitud por lo demás completamente molesta). Emilio abandonó a Matilde y yo abandoné el libro. Las razones, no las sé. Lo más probable es que no haya encontrado razones para continuar leyéndolo. De todas maneras, es un riesgo muy grande narrar abandonos, puesto que habilitan al lector a tomar medidas similares. Ciertas palabras como cansancio, hartazgo, aburrimiento y símiles, habría que desterrarlas de los libros pues llaman a sentir y, en ocasiones, actuar en consecuencia. Un buen personaje debe estar más o menos todo el tiempo feliz y ser activo, ir para adelante, decir cosas como "no me para nadie" o así. Si el libro se llama Matilde y Emilio la abandonó, por qué razón yo no iba abandonar también al libro (a Matilde). Es, en todo caso, abandonable. Quizá sea esa la explicación. Espero poder retomar pronto la lectura y saber lo que ocurre en esta relación de Matilde y Emilio (alter ego del lector). Saludos

viernes, 5 de diciembre de 2008

Carrera y Fracassi, de Daniel Guebel

Vale decir: la opiniones de un lector sobre ciertos libros, dicen más del lector que de los libros en sí. Como todo lector indigno, malvado, retomo este post sobre algunos libros que leerlos me resultó bastante incómodo.



Este libro lo tenía visto desde meses antes en la Librería Libertador (paraíso de los usados), pero siempre me decía: mañana lo compraré. Varios ejemplares aún siguen desgastándose a $ 3 cada uno. Tenía muchas ganas de leerlo, pues Guebel está muy bien considerado en la crítica porteña, es citado, maestro del absurdo y el humor, perspicás, gambetea bien el género novelístico, no sé qué cosas más dicen de él. Además, tiena toda esa buena respuesta en las entrevistas, que lo dejan interesante. Pues bien, un viernes lo compré y lo leí el sábado siguiente, aprovenchando que no tengo absolutamente nada que hacer ese día (mi novia trabaja, la gritona escuela judía a que da mi ventana está silenciosa, ect.); me tomó unas 6 horas (316 págs.); terminarla me pudo haber llevado el doble, por lo que no pude evitarme el remedio de saltearle algunos párrafos . La novela empieza con una caracterización de Julio César Carrera, mal vendedor de electrodomésticos y definido como un fracasado (en el sentido film yanqui del término, que no logra encajar con el fuir de los tiempos actuales), es básicamente una persona de buenos sentimientos. La verdad es que es un primer párrafo muy lindo, coqueto, de escritor bon vivant. Luego viene el otro personaje principal, Cacho Fracassi, compañero vendedor estrella de Carrera, su antagonista vital, vulgar, mujeriego, hablador, mentiroso: el típico chanta argentino tan ilustrado en mucha literatura bonaerense. Este personaje es, por lo demás, el típico vendedor de cualquier país del mundo. Como es de esperarse (esta novela te hace sentir como un precognitor : sabemos perfectamente, todo el rato, como seguirá la historia), Fracassi se hace amante de la mujer de Carrera y, obvio, la esposa de Fracassi se enamora de Carrera, y éste también de ella, aunque, por supuesto, no hace nada en toda la novela para por lo menos darle un beso. Como son compañeros de trabajo, tanto por pedido de la empresa como por las intenciones de Fracassi de estar al lado de Carrera (y su mujer), los dos conforman una dupla de venta: F. como máximo vendedor, y C. como el peor. Deambulan por pueblos de la Argentina vendiendo sus mercancías, hasta que una multinacional compra la empresa en la que trabajan y disponen para ellos nuevas formas de trabajo: ya no viajan en coche, tienen una jefa (gorda y renga) y otro compañero de trabajo (enano llorón, amante de la gorda); en esto, la mujer de C. se harta de F. y este, loco de amor, entra en desesperación por recuperarla. En una de esas, van a un pueblo de provincia, donde la gorda muere en un accidente y C. conoce al demonio que le concede tres deseos: a saber, un coche último modelo, un alfajor, vinos caros, una mujer (no sé ni importa que no me acuerde bien). Ahí se amista con C., a quien desde luego odiaba por tener la mujer que él ama. En un baño, F. ve que C. tiene una pija enorme y ahí empieza a enloquecer: sabe el motivo por el que su mujer no lo abandona por él. Siguen algunas descripciones del potencial de una pija grande y otras cosas más, entre ellas el despido de los dos, la muerte de la gorda como ya dije. C. adopta al vuido llorón y se lo lleva a su casa. C. cuida del viudo llorón y éste le roba a la mujer (!) y F. le cuenta entonces la relación que con la mujer de C. y C. lo comprende. No hay nada relevante de aquí en más. Un dolor cada página. No me acuerdo bien cómo continúa, pero bueno: la mujer de C. pierde la pista en un barco al nuevo amante llorón (este cae al agua) y se consigue otro; F. intenta suicidarse pero sobrevive, queda lisiado, y es cuidado por C., quien trabaja para él y para la esposa de éste, trasladándose a vivir con ellos. La mujer de F. le declara su amor a C., no fructifica, y entonces se va. C. y F. (que se recupera), roban mercancía a su ex-trabajo, viajan como vendedores por pueblos de provincia, F. encuentra una hija en una provincia calurosa, Corrientes o Misiones, no se dice; allí se quedan a vivir, a expensas de la hija pobre que se cree que su padre es rico (F. difunde esta idea) y cuando todo se arruina y la mentira no puede continuar, se escapan en una nave espacial a la luna. Recuerdo que mientras leía, aparte de saltar fragmentos ahogadoramente aburridos, solo acertaba a enfocar con la vista las tres primeras letras para adivinar así la palabra completa. Esto hizo más veloz la lectura. Creo que es el libro más estúpido que leí, o en todo caso el que me volvió más estúpido. Creo que fui el lector más estúpido de este libro. En todo caso, como sea, se encuentra en oferta, a $ 3 pesos, en casa, si alguien lo quiere: lo cambio también por un alfajor. O de regalo, si vamos al caso. Este post es una pérdida de tiempo. No subrayé ningún párrafo así que no puedo poner nada sobre él. La prosa, bien, tiene prosa, es muy larga, humor fácil, chabón, como le dicen, hay diálogos, todos los personajes son iguales, hablan igual, etc. Acá una reseña de página 12.


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