Mostrando entradas con la etiqueta Eloy Yagüe. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eloy Yagüe. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de abril de 2009

“Esvástica de sangre”, de Eloy Yagüe

13 Cuentos. Año 2000. De la Colección La Otra Orilla, Editorial Norma, $6 en Parque Centenario. 172 páginas.

Eloy Yagüe es un autor venezolano nacido en Valencia (España), el 10 de agosto de 1957, quien, según la contratapa, se ganó el Juan Rulfo de relatos policiales con uno de los que conforman este libro. Es periodista y escritor. Este libro reúne trece cuentos. Lo leí una noche de insomnio en marzo y fue bastante agradable. Me dio un sueño tranquilo y liviano, como el libro. Fui anotando mis pareceres luego de ir terminando cada relato. No hubo orden en la lectura ni nada parecido.

1. “La inconveniencia de servir a dos patrones”. 17 páginas.

Mafia caraqueña; dos narcos controlan la ciudad. El matón de uno de ellos es despedido por cogerse una de las novias del jefe y el rival lo contrata para matar al que lo despidió. Rasgo llamativo: todos llevan “Ch” en el nombre: Chancho, Chanchán, Charito, etc. Cuando el matón está por matar a su antiguo jefe, éste le ofrece el doble para matar al que lo contrató recientemente, y éste último vuelve a ofrecerle el triple, etc. Entra en escena un policía corrupto que quiere adueñarse del tráfico y le ofrece al matón más dinero para matar a los dos narcos. Hay una secretaria que trabaja para los dos narcos y que resulta ser la amante por la que despidieron al matón al inicio del relato. Para no decepcionar al lector, dice Yagüe, escribe tres finales del relato (pero incluye un cuarto final, tipo bonus track). A pesar de su cuidada artificiosidad, el cuento es muy ramplón. Y si bien en los policiales uno no busca verosimilitud sino una buena trama, la obra no pasa de ser un sketch malo. Obtuvo, sin embargo, el Premio Juan Rulfo del cuento policial (1998). Otro rasgo destacable: humor de traje y corbata, tímido.

2. “Marilyn rojo satén”. 5 páginas.

Un coleccionista de Marilyn Monroe adquiere las prendas íntimas de la actriz en una subasta. Intenta con ello ser ella. Este es un resumen tonto, pero de lo contrario lo tendría que contar por completo. Está escrito en un monólogo ágil, bien armado, pero también demasiado afectado (lo cual no tiene nada de malo, pero como resultado queda un regusto a muy forzado). Mejor que el cuento anterior.

3. “Esvástica de sangre”. 18 páginas.

Serie de asesinatos investigados por un periodista. También este cuento fue premiado, en un concurso de Medellín. Este relato es un muy buen policial. Se nota que Yagüe tiene una fijación especial con los crímenes de Caracas, visto con la lupa de la mejor literatura negra latinoamericana. Un tanto Ricardo Piglia (“Nombre Falso”) por la prosa cerebral mezclada con intenciones expositivas intimistas (miedo, cólera, asco, etc.). El final, sin embargo, es cursi; pero esto no le quita nada al relato; más bien desconcierta y dan ganas de tirar el libro contra la pared. Demás está decir que para un escritor que se precie de serlo, provocar esta reacción (y no, por ejemplo, el dejar cómodamente el libro en las estanterías para no releerlo jamás) es un elogio. Luego de pensar esto, automáticamente dan ganas de seguir leyendo a Yagüe. Otra cosa: el protagonista, Castelmar (periodista), no muere de seguro porque protagoniza otros cuentos.

4. “Naturaleza muerta”. 9 páginas.

Relato armado para justificar la utilización de un epígrafe de Juan Carlos Onetti. A saber: “Vio por sorpresa, no terminó de comprender, supo que iba a ofrecer cualquier cosa por olvidar lo que había visto”. Genial Onetti.

El resultado, con una muy agradable prosa, elegante y rítmica, es dispar: la visión del infierno tan temido por el protagonista no cierra con la tentación del abismo. La lectura es agradable, pero con final gris, que aburre porque no cierra. Quizá con otro título y con otra intencionalidad hubieran resultado geniales el argumento y la prosa.

6. “La salida por detrás”. 9 páginas.

Monólogo de chofer de colectivo contando su vida. Una voz muy lograda; modismos venezolanos, violencia, etc. Pregunta: ¿Qué carajos es una chicharrita?

7. “¿Bailamos Biyis?” 13 páginas.

Relato policial con un comienzo hermoso. En una fiesta de día de enamorados, un tipo acompaña a una chica, llamada primorosamente Candela, a un cuarto apartado para estar solos. Pero en el cuarto que entran duerme la abuela de la chica. La chica tranquiliza al chico diciendo que la abuela es sorda. Allí, tendidos sobre una cobija, con la luz de la luna y con el fondo de la abuela durmiendo, cogen. La descripción del acto sexual, monologada por el tipo, está lleno de comicidad lúbrica, a la manera del Kafka de El castillo (escena de la taberna entre K y la rubita), pero con una prosa más emotiva y sentimental. La ambigüedad del relato del acto sexual, deja ver un monologuista concentrado en otra cosa, como si de paso cumpliera un trabajo, pero que es completamente subyugado por la entrepierna de la chica. Hermosa entrepierna. Muy hermoso la verdad.

El resto del relato conserva la intensidad hasta más o menos la mitad. Cuando el narrador se da cuenta de que resulta imposible mantener el misterio que requiere la trama, opta por un desenlace muy cliché. Se precipita innecesariamente. Otra vez dan ganas de tirar el libro contra la pared, pero quizá me conformaría con arrancarle las últimas páginas al relato, conservando el hermoso comienzo. Es una lástima, porque tiene buen pulso el narrador, solo que apunta a cualquier parte completamente intrascendente. De haber continuado, ciego a la autocrítica promovida por la convenciones del relato policial, hubiera salido un cuento mejor.

8. “Sin esposas”. 7 páginas.

Un marido mata a la mujer tras encontrarle fotos de un galán de telenovela en el cajón de su ropa interior. Argumento caricaturesco que matiné la tensión a lo Rubem Fonseca. Otra vez un final apresurado. Con la prosa que tiene Yagüe, uno podría seguir leyendo, tranquilo y con gusto, aunque relato ya no tuviera una continuación precisa, perdiera contorno, aunque no fuera a ninguna parte. Pero aquí que quiere redondearlo todo, innecesariamente.

9. “Amigo hasta la muerte”. 7 páginas.

Un hombre mata, por pedido del mismo, a su mejor amigo. Relato de la amistad de los dos por parte del asesino-amigo. Bastante bueno; de lo mejor del libro.

10. “¿Quién ha visto a Koyak?” 16 páginas.

Es el retrato de una amistad y, claro, la muerte de uno de los dos que la conforman. Bastante bueno. Lo mejor. Encantador. Sugestivo, rico lenguaje, buena caracterización de los personajes, etc. Ejemplo de buena narración, no se va gratuitamente queriendo ser un clásico. También está contado por un periodista. La fórmula hasta ahora ha sido esta: crimen + policía + prensa. En general, pura corrupción y Caracas como un cabaret de la muerte. La mirada hacia la ciudad como un hervidero de cadáveres, crímenes de fondo (casi nunca por amor, sino por simple resignación a la costumbre), acerca a Yagüe a escritores como Rey Rosa, Castellanos Moya, etc.

11. “Conspirador”. 10 páginas.

En la redacción de un periódico hace apuestas arriesgadas: cómo irá la política, golpes de estado, etc. Un periodista es el vidente y sus compañeros de redacción apuestan contra sus predicciones, que siempre se cumplen. El narrador es un periodista que poco a poco ve desaparecer a sus compañeros. La apuesta gira esta vez hacia un golpe de estado que se realizará en febrero, sumiendo al país en un oscuro precipicio. Uno piensa: fines de los noventa, Chávez sube al poder en Venezuela; Eloy Yagüe es periodista en un periódico caraqueño, que se deje de joder. Sin embargo, el relato está bueno.

12. “Langosta thermidor”. 22 páginas.

País latinoamericano en dictadura. Un francés llega para vender un artefacto efectivísimo para las sentencias de muerte de los criminales y que servirá también para espectáculo popular: la guillotina. El soberano, que viste elegantemente y es un intelectual que estudió en Francia, invita a comer una langosta thermidor al vendedor francés. Luego, el vendedor resulta ser la langosta y es ofrecida como espectáculo al público en la inauguración de la guillotina. Conversaciones sobre el ejemplo de la pena de muerte en el imaginario popular; el pueblo que pide grandes teatros de sangre, a la manera de la Roma imperial. También conversaciones sobre la pena de muerte en occidente. Máquinas de muerte españolas (de la época de Franco), estadounidenses y chinas son ofrecidas como contraoferta a la guillotina francesa; sin embargo, gana siempre esta última. Buen cuento, aunque adolece de una afectación aburrida, a causa de una retórica gastada y sobrecargada de oscurantismo.

13. “El peligro amarillo”. 3 páginas.

Bien conciso, agradable, tenso el relato. Un tipo despierta escuchando ruidos en el sótano de su casa. Baja a ver y allí es atacado por unos pajaritos amarillos que se lo comen. Tal vez Poe, un homenaje. Pero otra vez se va de líneas innecesariamente el narrador: explica que los pajaritos son carnívoros de tal especie de Sumatra, sobre los que el personaje recuerda haber leído algo, etc. Al pedo. El terror se vuelve didáctico y en un relato tan corto está demás. El misterio hubiera sido mejor.



.