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domingo, 20 de junio de 2010

Siempre nos quedará José (de Javier Viveros, que suscribo)



En los alrededores del año 2000 leí en Internet la reseña de una novela que planteaba una reelaboración del mito platónico de la caverna. El autor era un portugués cuyo nombre –en ese entonces– me resultaba desconocido por completo. Consulté mi motor de búsqueda favorito y me enteré de otros títulos de sus obras e inmediatamente compré tres de sus libros en una imitación brasileña de Amazon.com.

Una semana después, al llegar a casa, el paquete de libros me aguardaba en la sala. Gratísima visita. No he olvidado los títulos: A Caverna, O Evangelho Segundo Jesus Cristo y A jangada de pedra. Todo en portugués. Recuerdo haber empezado por O Evangelho…, supe que había sido tachado de blasfemo por diversos sectores de la iglesia católica y eso siempre atrae. El libro iniciaba con un grabado de Alberto Durero y lo acompañaba una minuciosa descripción que era inevitable calificar de magistral. Leí la novela hasta convencerme de que mi posesión de la lengua de Camoens simplemente no era suficiente para encarar literatura y menos aún literatura de 24 quilates como la que tenía en frente.

El autor en cuestión era, por supuesto, José Saramago. Años después conseguí las versiones en español de casi todos sus libros y me sumergí en sus páginas. Los argumentos de sus novelas rozan lo inverosímil, pero la elegante prosa y el acabado oficio del portugués logran siempre revestirlo todo de una granítica credibilidad. Su estilo es inconfundible: oraciones de gran longitud, puntuación escasa y diálogos no explícitamente señalados.

Hoy, este magnífico escritor se encontró con la segunda fecha de su epitafio. Portugal ha perdido a su único Nobel de Literatura y sus ávidos lectores nos hemos quedado viudos de las novelas que ya no podrá escribir. Pero la suya es una literatura que permanecerá, porque es la literatura de un gigante. Sólo resta desear que su alma descanse en paz. Porque su obra y ahora él mismo forman ya parte de ese inquietante misterio que es la eternidad.



(esta nota es de Javier Viveros, y pueden leer aquí:

http://javierviveros.blogspot.com/2010/06/siempre-nos-quedara-jose.html)





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lunes, 1 de diciembre de 2008

lindo poema platónico-baudelairiano de pessoa

Ah, tudo é símbolo e analogia!
O vento que passa, a noite que esfria,
São outra coisa que a noite e o vento —
Sombras de vida e de pensamento.
Tudo o que vemos é outra coisa.
A maré vasta, a maré ansiosa,
É o eco de outra maré que está
Onde é real o mundo que há.
Tudo o que temos é esquecimento.
A noite fria, o passar do vento,
São sombras de mãos, cujos gestos são
A ilusão madre desta ilusão.



(ah, todo es símbolo y analogía. / el viento que pasa, la noche que se enfría, / son otra cosa que noche y viento - / sombras de vida y pensamiento. / todo lo que vemos es otra cosa. / la gran marea, la marea ansiosa, / es el eco de otra marea que está / donde es real el mundo que hay. / todo lo que tenemos es olvido. / la noche fría, el pasar del viento, / son sombras de manos, cuyos gestos son / la ilusión madre de esta ilusión.)