Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Wilde. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oscar Wilde. Mostrar todas las entradas
martes, 6 de octubre de 2009
"Oscar Wilde", de André Gide
André Gide es un tipo famoso porque tenía un matrimonio blanco, es decir: no se echaba polvos con la mujer. Oscar Wilde se hizo famoso por cogerse a un lord (Bosie). André Gide se excitaba al ver masturbarse niños; Wilde bien pudo haberse excitado con eso, como también podía excitarse viendo otras cosas. Gide inclinaba la estética hacia lo moral, Wilde hacía estética de la moral, como de casi todo lo que encontraba. Gide era un chico bien y se hizo trolo gracias a que Wilde le dio un empujoncito en un viaje al África; Wilde se enamoró de un chico y se lo culió cuantas veces pudo. Gide defendió los derechos de los homosexuales, Wilde denunció por difamación a los que lo llamaron sodomita. Gide escribió hondas parábolas morales, Wilde hermosas fábulas morales. Gide era un tipo serio, Wilde un dandy guiñolesco. Gide tuvo una vida tranqui, pero se inclinó siempre a la tragedia; Wilde tuvo una vida trágica, y prefería la comedia. Gide comprendió y defendió a los oprimidos, Wilde los amó cuando fue uno de ellos. Gide dominó como un papa la literatura francesa de primera mitad del siglo XX, nobel incluido; Wilde era un nombre que daba vergüenza. Gide era serio, Wilde no. Gide era espantosamente honesto, Wilde un ficcionador. Los libros de Gide, salvo Teseo, son casi deliberadamente aburridos; Wilde tiene libros encantadores, todos. Y ambos fueron amigos, pero unos amigos particulares. A Wilde le gustaban los libros de Gide y lo aburría la persona, pero a éste último le gustaba Wilde y no sus libros.
En fin, cada uno hizo lo que pudo.
Y cuando murió el irlandés, Gide escribió sobre él un par de textos. Dos artículos in memoriam. Están en un librito, este al lado de mí, que miro, con foto de Wilde a lo actor de Hollywood.
Gide, como siempre, tiene una prosa bien y una actitud bien. Pero dos frases duelen, sin saber bien por qué:
«... fuerza es reconocerlo: Wilde no era un buen escritor»
(a la primera oportunidad explica que no es un eufemismo para llamarle genio, sino que dice que era hasta torpe y arruinaba sus fábulas al componerlas)
Y también: «sus obras, lejos de sostenerle, parecieron hundirse con él»
Gide propone rescatar la vida del hombre, pues así tienen sentido sus escritos, solo así pueden comprenderse.
Pero pasan los años, gideano Gide
Si uno va a una mesa de saldos, los libros de Gide son inencontrables. Razón simple: no se editan seguido, están siendo olvidados. Los libros de Wilde se editan hasta en Paraguay y Bolivia. ¿Quién se hunde entonces, pelotudo?
Es posible, sin embargo, que dentro de unos años, Gide sea reimpreso y se renueve su vitalidad. Nunca se sabe, pues el tiempo es arbitrario y las editorias tienen actitudes extrañas.
El tiempo es un juez caprichoso y superficial.
Y con respecto a eso de salvar al hombre y luego ocuparse de su literatura. Si no fuera por Lacan, las psicólogas (y las lectoras de Lacan), que son las últimas lectoras Gide, que lo leen por perverso, pocos leerían a Gide. A Wilde lo leen los niños sin saber ni que interese quién es, solo por sus relatos. Las memorias de Gide son lo más leído de su obra, mientras que la carta autobiográfica de Wilde solo interesa a fanáticos.
Ambos tuvieron vidas ejemplares, que las hay, uno gideano, el otro wildeano, no queda por decir.
A fin de cuentas, ¿qué es ser un gran escritor?
¿Ser homosexual, ir preso, ganar el nobel, ser perverso o un esteta?
¿O ser interminablemente reeditado?
¿O simplemente no aburrir?
¿Qué es la aburrición?
¿Quiénes son, Gide y Wilde?
¿Dónde han ido a parar, cadáveres?
Ah, gideanos wildes, sedliw edig, definitivamente.
+
Suscribirse a:
Entradas (Atom)