
Editorial Anagrama 1994. Traducción de J. A. Gonzáles Sainz. 112 páginas.
Si bien hay cosas que no merece la pena saber, también hay que sí valen la pena, y otras que ni valen la pena ni dejan de valerlo, es decir, uno puede vivir igual sabiéndolas o no sabiéndolas, lo cual les da un aire de inutilidad pero que sin embargo pueden servir para una conversación casual o, por ejemplo, hacer una analogía, divagar, etc. Realmente yo vivía bastante tranquilo sin saber de este tipo, Piotr Krasnov y pude seguir, estoy seguro, bastante bien sin saber de él. Y también puedo asegurar que de no ser el personaje tratado en este libro de Magris, me hubiera topado ante su biografía con una gran indiferencia. Pero he aquí la magia de ciertos textos: te despiertan el interés no tanto por lo que cuentan, y ni siquiera por lo que le agregan o digregan, sino por la simple manera de contarlo. Una buena prosa vale más que mil argumentos, muchas veces, digo, pues es obvio que no siempre.
"Conjetura sobre un sable" va de la historia de este tipo, un cosaco que se alió a los nazis con la esperanza de que le den un terrenito en Ucrania para fundar una patria cosaca, pues como eran nobles muchos de estos cosacos fueron expulsados a patadas, so pena de muerte, por los bolcheviques. Entonces este tipo, junto con otros miles, se suman a las batallas contra los rusos que llevaban los alemanes, y por supuesto pierden, y no fundan ni una patria de cosacos ni nada, sino que quedan olvidados por ahí, haciendo lo que mejor podían, como hace todo el mundo cuando se da cuenta de que la historia les pasa por encima y por los lados e incluso encima de su nombre, aunque en este caso hay que aclarar que a este tipo le valió una entrada en Wikipedia, lo cual no es poco, y además es muy bien considerado por la historia cosaca, lo cual es más interesante aún. Según cuenta Magris, y lo corrobora la historia, el tipo muere batallando en Carnia y es sepultado con su sable, y es desentarrado una década después por militares compinches suyos y erigido como héroe. Pero he aquí la particularidad: según otras fuentes, y esta parece ser la real, el tipo muere en Rusia en manos de los bolches, que andaban por esa época colgando a todo aquel que intentara joderles la revolución. Pero como esta muerte es muy ignominiosa, escenificaron la otra en que el hierro o el plomo se llevó a este héroe guerreando. Y también, agrega Magris, hay una historia de odios, tradicionalismo, hijodeputismo, polleras, todo lo cual forma parte del acervo cultural de cualquier país.
El que cuenta la historia es un cura bastante aburrido, por cierto, que es mandado por la iglesia a que prepare un informe sobre Krasnov, esto cuando lo desentierran en Carnia. Años después, el cura escribe una carta, lo que será el libro, a otro que no recuerdo quién era porque probablemente no me interesó. En la carta, este cura divaga sobre Krasnov, que resultó ser, además de un militar aventurero, como todo cosaco, sin patria más que su nomadismo, como todo cosaco, un escritor de novellas folletinescas, esto ya no es particular de todo cosaco, en las que resumaba odio a los bolches, probablemente esto también sea particular muchos cosaco. También en la carta el cura hace crítica a la historia, a la literatura, a los nazis, en fin, a una buena cantidad de instituciones.
En las novelas Krasnov hace como un recuento de la identidad de los cosacos y crea un militar ficticio que sería una especie de alter ego, que pasa aventuras en todas partes, incluso guerrea en Río de Janeiro, va contra indígenas chamacocos en Paraguay y viene a Buenos Aires quién sabe para qué. Sobre estas cosas no dice mucho y es una lástima.
Y así el libro sigue, bla, bla, etc. Y el tipo muere, y resulta tener dos muertes, etc. 105 páginas escritas y 7 en blanco, etc.
Este Magris es un tipo elegante y sigo pensando que debe ser un gran seductor. Y tiene una prosa muy agradable y encandiladora, aunque, claro, en este libro no se ve mucho pero se, como se diría, vislumbra. Asoma sería mejor.
Lo que más me emocionó fue que aparezcan en este libros mis dos países favoritos: Paraguay (donde nací) y Argentina (de donde es mi mujer y es donde vivo), ambos mencionados apenas en un par de líneas y sin que adquieran ninguna relevancia. No sé por qué me estaré fijando en estas pelotudeces. En fin, lo cierto es que también me fijé en estos detalles por otras cuestiones más bien del orden del divagar y analogar, si es posible convertir esta palabra en verbo.
Me explico: cuando Magris cuenta el apoyo cosaco a los nazis, explica también como los alemanes consideraban inferiores y pura carne de cañón a los cosacos, pues no eran arios sino cosacos, como es obvio, y les llenaban en coco de mentiras y los dejaban ser menospreciados por cualquier oficial alemán que tuviera ganas de fastidiar a alguien. Y, también, cómo los cosacos más despiertos fueron acumulando un lento odio contra los alemanes. Pero lo aguantaban todo para un día poder patearle el culo a los bolches.
Para armar la analogía, recuerdo que los rusos nobles fueron también por su parte (algunos muchos tambien aliados a los alemanes) a pelear contra los bolches, y estos rusos, para diferenciarlos de los bolches y por otras razones más que no sé bien, eran llamados rusos blancos. Estos rusos blancos no se tragaban a los bolches porque les sacaron la plata pero tampoco se bancaban a los cosacos porque eran un borrachos haraganes, todo lo cual queda bastante graficado en la literatura rusa clásica. Pero bueno, lo cierto es que tanto cosacos como rusos blancos fueron utilizados y traicionados por los alemanes. A los cosacos, por ejemplo, lo altos oficiales alemanes entregaron en bandeja a los aliados, a cambio de favores menores. Y a los rusos blancos les hicieron también de todo. A fin de cuentas, eran unos miserables hijos de puta los nazis, como sabe todo el mundo.
Y a todo esto me puse a recordar una historia que ocurrió entre Bolivia y Paraguay, la famosa y estúpida guerra del chaco (quizá la más estúpida guerra en la historia de las guerras, esto sin ofender a los ex-combatientes de ambos bandos, que mucha culpa no tienen), que fue del 32-35, en los terrenos donde nací (chaco) y que mató a un montón de gente solo porque la Standard oil quería petróleo. Bueno, a lo que voy, en esta guerra los bolivianos estuvieron a cargo de los alemanes, en gran parte. Primero porque su ejército se educó con militares alemanes, segundo porque el general Hans Kundt estuvo a cargo del ejército boliviano en la ofensiva, y tercero porque muchos oficiales de las tropas bolivianes eran alemanes venidos especialmente de alemania para la contienda. Es decir, los alemanes vinieron re-lejos para pelear contra paraguayos, que siempre le dieron cobijo a miles de inmigrantes alemanes, incluso hasta ahora, hasta la hermana de Nietzsche fue allí a fundar una ciudad, es decir, son unos hijos de puta.
Del lado paraguayo sin embargo se juntaba otra gente: paraguayos de siempre, indígenas, inmigrantes de todas partes, en especial intalianos haraganes que no sabían que hacer con sus vidas, como la mayoría de los italianos, alemanes, cuándo no, y también y particularmente rusos, ucranianos, lituanos, etc. En el grueso del ejército paraguayo había una gran cantidad de cosacos y rusos blancos, y entre estos últimos los que ya habían peleado contra los bolches adquieron incluso rangos altos. Quizá el más famoso sea Juan Belaieff.
En fin, puestos a hacer la analogía: los rusos (cosacos, blancos, etc.) se cagaron a tiros con los alemanes siempre, incluso vinieron a disfrazarse de sudamericanos para cagarse a tiros, pero sin embargo se aliaron a los peores alemanes de toda la historia: los nazis. Y todo por cagarse a tiros con otros rusos, es decir los bolches. Quizá la conclusión sea esta: a quién más odia el ruso es al ruso (claro que hay que tomar en cuenta que hay muchas lenguas y razas en rusia). Pero también puede ser esta: qué hijos de puta los nazis. O esta:
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