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miércoles, 14 de octubre de 2009

exaclamó Razumikin, sacudiendo y apretando las manos de las dos damas...

«¡Me gusta cuando mienten! La mentira es el único privilegio del hombre sobre los demás animales. ¡A fuerza de mentiras se llega a la verdad! Soy un hombre, porque miento. No se consigue ninguna verdad antes de haber mentido por lo menos catorce veces, o quizá ciento catorce veces. ¡Pero nosotros no sabemos mentir! Miente tanto como quieras, pero hazlo a tu manera y te cubriré de besos. Mentir a la manera de uno mismo es casi mejor que decir la verdad a la manera de los demás. ¡En primer caso, eres un hombre; en el segundo, no eres más que una cotorra. ¿Qué hacemos todos ahora? Todos, sin excepción, hacemos ciencia, progreso, reflexión, inventos, ideal, deseos, liberalismo, razonamientos, experiencia, y en todos los terrenos, en todos, en todos, estamos sólo en clase preparatoria. Se encuentra placer en contentarse con el espíritu de los demás. ¡Tengo razón? ¿Es o no verdad lo que digo?»


Crimen y Castigo, de Fiódor Dostoyevski.
Editorial Bruguera SA, 1964. Traducción de Julián Alemany Zaragoza. Página 184.



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sábado, 10 de octubre de 2009

pensaba Raskolnikov, alejándose...

«¿En dónde he leído yo -pensaba Raskolnikov, alejándose-, en dónde he leído que un condenado a muerte, una hora antes de la ejecución, pensaba que si tuviera que vivir en cualquier parte, en la cima de una roca, sobre un espacio tan estrecho que pudieroa colocar en él solamente los pies, rodeado de precipicios, en medio del océano, aislado en tinieblas eternas y soledad infinita; si tuviera que permanecer allí, derecho sobre un pie cuadrado de superficie, durante toda su vida, mil años, una eternidad, preferiría vivir de este modo, antes que morir? ¡Todo a condición de vivir, vivir, no importa de qué manera, pero vivir! ¡Gran verdad! ¡Dios, qué gran verdad! ¡El hombre es un miserable...! Y miserable es también el que, por ello, lo trata de miserable», añadió un instante después.


Crimen y Castigo, de Fiódor Dostoyevski.
Editorial Bruguera SA, 1964. Traducción de Julián Alemany Zaragoza. Página 145.


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domingo, 4 de octubre de 2009

Adán, entonces, ¿es de libra o escorpio?

«La fecha de la creación del mundo puede ser inferida de las genealogías del Génesis, que dice la edad de cada patriarca al nacer su hijo mayor. Se permitió algún margen de controversia debido a ciertas ambigüedades y a las diferencias entre los Septuaginta y el texto hebreo; pero al fin la cristiandad protestante aceptó en general la fencha de 4004 a. c. fijada por el arzobispo Usher. El doctor Ligthfoot, Vicecanciller de Cambridge, que admitía esta fecha de la creación, pensaba que un estudio cuidadoso del Génesis hacía posible aún una mayor precisión; la creación del hombre, de acuerdo con él, tuvo lugar a las nueve de la mañana del 23 de octubre. Esto, sin embargo, nunca ha sido artículo de fe; se puede creer, sin risgo de herejía, que Adán y Eva vinieron a la existencia en octubre 16 o en octubre 30, siempre que las razones se deriven del Génesis. El día de la semana se sabe que fue, naturalmente, el viernes, puesto que Dios descansó el sábado.»

"Religión y Ciencia", de Bertrand Russell.
Fondo de Cultura Económica, México, 1951. pp 35-36

martes, 14 de julio de 2009

La gloria literaria y un fragmento de Stendhal por Zweig




Antes de las computadoras, había un trabajo magnífico: transcribir los manuscritos de los escritores para la editorial correspondiente. Cuenta la leyenda que Pizarnik perdió el manuscrito de Rayuela por algunas semanas, pues Cortázar se lo había pasado para tipearlo y que así se gane unos pesos. Yo, cada tanto, escribo en un cuaderno frases que me gustan, como una quinceañera enamorada. Pero mi leit motiv es diferente. No lo hago para dejar
constancia de que las frases existen ni nada por el estilo, como un enamorado de la retórica, sino para intentar de alguna manera escribirlas yo. Quiero saber cómo se siente estar escribiéndolas. Ni siquiera me interesa qué sintió el autor ni nada por el estilo. Es egoismo puro, paja, acto de disfrazarse de gran escritor.
Hoy, que empecé la biografía "Stendhal", escrita por Stefan Zweig, apenas empezado el libro, quiero cometer mi crimen y, porque a pesar de mis juegos el texto es hermoso, donárselo a la red. Así seré un Zweig doble: escribiré lo que él y lo daré al mundo, como lo hizo él.
En cierto sentido, como Zweig se trepa en Stendhal, yo me treparé en Zweig, pero aún más impúnemente que si escribiera su biografía.
Oh, gloria literaria. A veces es tan fácil aprehenderte...

«Pocos hay que hayan mentido tanto, y con más pasión mistificado el mundo, como lo hizo Stendhal, pero pocos hay también que hayan dicho más profundamente la verdad.
Sus disfraces y falsedades forman verdaderos regimientos. Antes de abrir uno de sus libros, hay ya algo de eso; en su cubierta o en el prólogo hay ya un nombre que no es el suyo, pues el autor, Henri Beyle, llana y sencillamente comienza siempre por ocultar su nombre. A veces se adjudica un título de nobleza, otras se disfraza con el nombre de "César Bombet" o añade a sus iniciales H. B. unas misteriosas A. A. tras las que nadie podría adivinar que se oculta un "ancien auditeur", es decir, un ex auditor del Estado. Sólo el seudónimo, en el informe falso, se siente seguro.
Unas veces se presenta como austríaco; otras como "ancien officier de cavalerie" y muy a menudo con el nombre extraño de Stendhal, incomprensible para sus compatriotas y que es el nombre de una pequeña ciudad prusiana, célebre por su carnaval. Cuando cita una fecha, puede jurarse que no es exacta. En el prólogo de la "Chartreuse de Parme" dice el que el libro fue escrito en 1820 a más de mil millas de París; ese dato falso no basta para que dejemos de saber todos que, en realidad, la novela fue escrita en 1839 y en el mismo París.
En los hechos que cita, las contradicciones chocan continuamente unas con otras. En una autobiografía, afirma con solemnidad que estuvo en las batallas de Wagram, Aspern y Eylay; nada de eso es cierto, pues su diario prueba irrefutablemente que en ese tiempo estaba instalado cómodamente en París. Alguna vez habla de una larga e importante conversación que hubo de sostener con Napoleón, pero ¡oh fatalidad!, en el volumen siguiente, léese la confesión de que "Napoleón no hablaba con necios como yo". Así que cualquier afirmación que haga Stendhal hay que tomarla cuidadosamente entre los dedos como vía de precaución y más que nada hay que ir alerta con sus cartas que, por temor a la policía, probablemente, van siempre con fechas falsas y firmadas con nombres distintos cada vez. Si está paseando tranquilamente por Roma, fecha sus cartas en Orvieth; si escribe desde Besancon, seguramente es que está en Grenoble; el año de la fecha es a veces falso, la más de las veces ocurre lo mismo con el mes, y el nombre, como regla general, es siempre falso. Los biógrafos han podido reunir más de doscientas firmas fantásticas. Stendhal -que en realidad se llama Beyle- al firmar sus cartas se da el nombre de Cottinen, Dominique, don Flegme, Gaillard, A. L. Feburier, Barón Dormant, A. L. Champagne y hasta a veces firma con nombres como Lamartine y Jules Janin. Pero eso no lo hace solamente, como se ha supuesto, por miedo al gabinete negro de la policía austríaca, sino más bien por un innato placer de bluff, de deslumbrar, de disfrazarse, de esconderse. Stendhal miente, no por impulso exterior, sino para hacer su ser misterioso e interesante. Maneja mistificaciones y errores magistralmente como si blandiera un florete por encima de su cabeza para que nadie se le aproxime y nunca ha disimulado ésa su inclinación a la intriga y a la falsedad. Una vez en que un amigo le culpa en una carta de haberle engañado infamemente, él escreibe con toda tranquilidad una nota, al margen, que dice "vrai", cierto. Con ánimo tranquilo y con placer irónico, mezcla falsos años de servicio en su empleo, modos de pensar ya contra los Borbones, ya contra Napoleón; en todos los escritos oficiales o privados, públicos o particulares, pululan las inexactitudes como pececillos en una charca. Y la última de sus mistificaciones es, ¡récord asombroso de la mentira!, que, por dispocisión testamentaria ordenada se ponga sobre su tumba una mentira tallada en mármol, así que, en el cementerio de Montmartre, se puede leer la lápida de su sepulcro, que dice así: Arrigo Bely, Milanese. ¡Él, tan francés, que se llamó Henry Beyle, que fue bautizado en su ciudad natal de Grenoble! Hasta ante la muerte, quiso presentarse románticamente disfrazado.
Pero, a pesar de todo eso, pocos hombres han dicho al mundo tantas verdades acerca de sí mismos como lo hizo este artista del fingimiento. Stendhal supo, cuando llegó el caso, se tan perfectamente sincero, ser tan amante de la verdad como antes lo fue de la mentira. Con un desparpajo que haría, no ya enrojecer, sino más bien estremecer, ha sabido contar osadamente, como nadie lo ha hecho nunca, sus más íntimos sentimientos y observaciones, confesiones que los demás se apresuran a cubrir con un velo tan pronto como les suben a la conciencia. Stendhal hace, coluntariamente y realmenten, toda clase de confesiones a las que otros ni aun esposados se les podría llevar, pues Stendhal tiene tanto valor, tanto descaro díríamos, para la verdad como para la mentira; tanto en la una como en la otra, salta por encima de toda reflexión o consideración social y traspasa los límites dela propia censura. Insaciable en la vida, tímido en su trato con las mujeres, encerrado siempre entre los gruesos muros del fingimiento, se vuelve valiente tan presto como toma la pluma en su mano, y no hay obstáculos para él; al contrario, cuando encuentra resistencia en sí mismo, se echa de cabeza allí para hacerse la anatomía. Precisamente aquello que más le cohibía en la vida, es lo que más le domina psicológicamente. Intuitivo, ha descubierto ya en 1820 las más complicadas claves y mecanismos de la mecánica del espíritu que solo cien años después, con el psicoanálisis, ha sido imposible (sic) estudiar y recostruir. Y para eso Stendhal no tiene más laboratorio que su propia obsercabión; para su asalto maravilloso no tiene el apoyo de ninguna teoría: su único instrumento es y sigue siendo siempre una gran curiosidad, su impulso un valor indomable para descubrir la verdad. Obserca lo que siente y, eso que siente, lo dice con sinceridad, descaradamente y con tanta más pasión cuanto más íntimo sea. Sus sentimientos más feos es lo que más le atrae a su estudio; recuerdo ahora cuán a menudo y cuán fantásticamente se vanagloria del odio que sentía por su padre, cuán económicamente describe que, durante un mes, se esforzó en sentir pena cuando supo la muerte del padre. Todas sus penosas confesiones sexuales, sus continues fracasos con las mujeres, las crisis de su vanidad, todo eso lo expone tan detalladamente, tan exactamente ante el el lector, como si fuera un mapa militar; así que, en Stendhal, encontramos confesiones tan íntimas, de tan sutil sinceridad y descritas tan científicamente, que, antes de él, ningún hombre se hubiera decidido a dejarlas salir de la garganta ni menos a imprimirlas. Y eso fue su hazaña; gracias a él, gracias al cristal de su inteligencia, han quedado cristalizados para siempre preciosos conocimientos para la posteridad. Sin ese admirable maestro del fingimiento, sabríamos ciertamente muchas menos verdades del mundo del espíritu y de sus bajos fondos.»

"Stendhal", de Stefan Zweig. Editorial Tor, 1942. Páginas 7-14.




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lunes, 29 de junio de 2009

Personaje de PK Dick ve a Dios

«—Después de ver a Dios se sintió muy bien, durante casi un año. Y luego cambió todo. Estuvo peor de lo que había estado en toda su vida, pues se dio cuenta de que jamás volvería a ver a Dios. Viviría el resto de su vida, décadas, quizá cincuenta años, y no vería otra cosa distinta a lo que siempre había visto. Lo que nosotros vemos. Se puso peor que si no hubiera visto a Dios. Me lo explicó un día que se encontraba muy mal. Perdió la cabeza y empezó a maldecir y a romper cosas que tenía en su piso, incluso el tocadiscos. Había comprendido que siempre viviría igual, sin ver nada, sin finalidad alguna. Un montón de carne en movimiento, comiendo, bebiendo, durmiendo, trabajando y cagando.»



TIEMPO DESARTICULADO, Philip K. Dick

martes, 2 de junio de 2009

«La manía de casi todos los hombres es mostrarse por encima de lo que son; la manía de los escritores es mostrarse hombres de Estado. En consecuencia, todas las grandes medidas de fuerza extrajudicial, todos los recursos a las medidas ilegales en situaciones de peligro han sido, siglo tras siglo, contadas con respeto y descritas con complacencia. El autor, tranquilamente sentado ante su mesa, lanza en todas las direcciones la arbitrariedad, he intenta inyectar en su propio estilo la rapidez que recomienda en las medidas; por un instante, se cree investido del poder, ya que predica su abuso, y su vida especulativa se inflama con todas la demostraciones de fuerza y de potencia con que decora sus frases; de manera que se ofrece a sí mismo algo del placer de la autoridad, repite a voz en grito las grandes palabras de salvación del pueblo, de ley suprema, interés público; se extasia ante su propia profundidad y se maravilla de su propia energía. ¡Pobre imbécil! Habla a hombres que no piden otra cosa que escucharle y que, en la primera oportunidad, realizarán sobre él la experiencia de su teoría.
»Esta vanidad, que ha alterado el juicio de tantos escritores, ha provocado más inconvenientes de lo que se cree durante nuestros conflictos civiles. Todos los espíritus mediocres, conquistadores de una porción de la autoridad, estaban atiborrados de todas estas máximas, tanto más agradables a la estupidez cuanto más le servían para cortar los nudos que ella no puede desatar. No soñaban en otra cosa que en medidas de salvación pública, grandes medidas, golpes de Estado.»

Benjamin Constant.
"DEL ESPÍRITU DE CONQUISTA Y DE LA USURPACIÓN"

miércoles, 27 de mayo de 2009

Cozarinsky se topa con Copi

COPI: TRES INSTANTÁNEAS Y UNA POSDATA

La primera vez que lo vi, Copi bailaba un pasodoble con Martine Barrat. Era un 31 de diciembre, creo que el de 1970; yo estaba de paso por París, solo, y unos amigos argentinos me habían dado cita en un bar de la rue Chabanais, "Le César", donde otros conocidos se reunirían con nosotros. Apenas había entrado cuando en medio del humo espeso y del parloteo de mucamos españoles y choferes portugueses distinguí a una pareja que se desplazaba con velocidad y precisión sobre la pista.
Aunque Copi era un personaje muy conocido de la vie parisienne, y su compañera una fotógrafa a quien Gilles Deleuze iba a despachar becada a Nueva York para que retratase a criminales adolescentes de Harlem, no había en la actitud de los bailarines ningún resabio de slumming, de encanaillement. Estaban, si se quiere, de visita en un amabiente ajeno, pero gozaban con tanta secilles los aplausos de los habitués que, si alguna distancia era perceptible entre ellos y "Le César", estaba más bien en mi mirada de pajuerano.
Ese dominio natural de la escena, que sentí inmediatamente y con mucha fuera en aquella primera visión, lo reencontré, más tarde, en dos ocasiones en que vi a Copi en un escenario ¿real? ¿tradicional? ¿convencional? Porque la minúscula pista del "César" siguió presente, con su falta de pretensiones, con las voces ibéricas que coreaban aquel pasodoble, detrás o por encima de los teatros, con vocación "artística" o de vanguardia, donde lo volví a ver.
Loretta Strong era un espectáculo apenas apoyado en un texto. Dudo que, interpretado por otra persona, fuese soportable. Pero el milagro tetral ocurría apenas Copi, esquelético, desnudo, piuntado de verde o de azul, tal vez de color turquesa, aparecía en el escenario, precariamente izado sobre tacos altos, como la intrépida astronauta del título. La sensación de asistir a un delirio no clínico, no recuperable por ninguna noción entonces tan en boga de antipsiquiatría; más bien el sentimiento de horror sagrado ante una criatura mitológica que se hubiera inventado a sí misma y de quien Copi era el primero en burlarse... Una sucesión de impresiones contradictorias tironieaban al espectador entre la risa y el miedo, se insinuaban a la platea durante la hora, apenas, que esa criatura deambulaba por la escena, como en un mal trip, antes de sentarse en un inodoro y tirar de la cadena que había desaparecer en las profundidades del aparato doméstico, convertido para la ocasión en rampa de lanzamiento de misiles espaciales...
Todo esto ocurría en un pequeño teatro de la rue de la Gaité, creo que el de la Gaité Montparnasse, a mediados de 1974. Me cuentan amigos de Barcelona que, en la euforia que siguió a la muerte de Franco -el llamado "destape"-, Copi y Loretta Strong fueron invitados por el primer secretario de cultura "progre" de esa ciudad. En un momento en que Brecht y Peter Brook eran consumidos ávidamente por la "inteligentsia" catalana, el espectáculo suscitó una pronfunda perplejidad y casi ninguna risa.
La tercera vez fue en la rue de la Roquette, en el Théâtre de la Bastille, en 1986 o 1987, meses antes de la muerte de Copi. La obra se llamaba Les escaliers du Sacré Coeur y en ella se cruzaban cantidad de personajes del barrio donde vivía el autor, entre los jardines y escalinatas que descienden desde la Basílica del Sagrado Corazón de la rue des Abesses: traficantes y consumidores de drogas, cultores de cualquier heterodoxia sexual, mirones compulsibos y sus indispensables exhibicionistas, no menos compulsivos. Esas figuras se agitaban en una gozosa sarabanda y se entregaban a un frenesí retórico de versos y rimas dignos de Victor Hugo, si los franceses tuvieran sentido de la parodia.
En el texto, precisemos. Porque sobre el escenario estaba Copi, solo, con un traje oscuro de elegancia irreprochable, el libreto de su obra en la mano. Y ese libreto lo leía ante el público, sin omitir las indicaciones de escena ("retrocede espantado..."), imitando a partir de su acento rioplatense las voces, las entonaciones y la cursilería de cada personaje, cruzando el escenario frenéticamente para anunciar un efecto, alguna sorpresa, acercándose a la luz del proscenio para leer una réplica que olvidaba, o salteándose dos o tres páginas que de pronto le parecían aburridas, transpirando, siempre sonriente, evidentemente feliz.
Aun en los momentos más trucuilentos de ese melodrama sin música, Copi era capaz de comunicar el placer que le producía el hecho de hallarse en un escenario, frente a un público. Cuando al final saludaba, con el libreto siempre en la mano, el público comprendía que había asistido no a la puesta en escena de una obra sino a algo más raro, casi único: a la puesta en escena del autor en ese momento casi inasible en que sus personajes empiezan a desprenderse de él sin existir aún independientemente.
El recuerdo de Copi en escena me hace pensar en algo elemental que ninguna elaboración intelectual puede sustituir: el teatro exige que algo interesante ocurra, momento tras momento, en el escenario; el valor, la espera deben cargarse para existir como teatro, con el peso de lo ausente que no llega. En el arte de Copi, en su "marginalidad flamígera y soñadora" (Lavelli), hay más teatro real que en cualquiera de las maquinosas puestas de los cultores del "dispositivo escénico", invasor y asfixiante, que han constituido una nueva academia. Si hay una tradición que desde los tinglados medievales llega hasta Valeska Gert y Robert Ludlum -y creo que sí la hay- Copi halló, sin buscarla, a su familia en esa espléndida galería de proscritos "flamígeros y soñadores".

(1998)


"El pase del testigo", Edgardo Cozarinsky. Editorial Sudamericana, 2001.

martes, 14 de abril de 2009

Fonseca poeta

Estos poemas están en el cuento "El cobrador", de Rubem Fonseca (publicado en el libro de relatos El Cobrador, 1979)
La verdad es que este brasileño es buenísimo. En fin.


A los ricos les gusta acostarse tarde
A los ricos les gusta acostarse tarde
sólo porque saben que la chusma
tiene que acostarse temprano para madrugar. Esa es otra oportunidad suya
para mostrarse diferentes:
hacer el parásito,
despreciar a los que sudan para ganar la comida,
dormir hasta tarde,
tarde
un día
por fortuna
demasiado tarde.


Sabía bailar la samba y enamorarse
Sabía bailar la samba y enamorarse
y rodar por el suelo
sólo por poco tiempo.
Del sudor de su rostro nada se había construido.
Quería morir con ella,
pero eso fue otro día,
realmente otro día.
En el cine Iris, en la calle Carioca
El Fantasma de la Ópera.
Un tío de negro,
cartera negra, el rostro oculto,
en la mano un pañuelo blanco inmaculado,
hacía puñetas a los espectadores;
en aquel tiempo, en Copacabana,
otro
que ni apellido tenía,
se bebía los orines de los mingitorios de los cines
y su rostro era verde e inolvidable,
La Historia está hecha de gente muerta
y el futuro de gente que va a morir.
¿Crees que ella va a sufrir?
Es fuerte, aguantará.
Aguantaría también si fuera débil.
Ahora bien, tú, no sé.
Fingiste tanto tiempo, pegaste bofetadas y gritos, mentiste.
Estás cansado,
has terminado
no sé qué es lo que te mantiene vivo.


Infancia o Nuevos Olores de Coño con U
Aquí estoy de nuevo
oyendo a los Beatles
en Radio Mundial
a las nueve de la noche
en un cuarto que podía ser
y era
el de un santo mártir.
No había pecado
y no sé porqué me condenaban
por ser inocente o por estúpido. De todos modos
el suelo seguía allí
para zambullirse.
Cuando no se tiene dinero
es conveniente tener músculos
y odio.


Un agujero en cada muela lleno de cera del Dr. Lustosa
Un agujero en cada muela lleno de cera del Dr. Lustosa
masticar con los dientes de adelante
caray con la foto de la revista
libros robados.
Me voy a la playa.


Ahora ya no hacen cimitarras como las de antes
Ahora ya no hacen cimitarras como las de antes
Soy una hecatombe
No fue ni Dios ni el Diablo
quien me hizo vengador
Fui yo mismo
Soy el Hombre-Pene
Soy el Cobrador.

Come caviar
Come caviar
tu hora va a llegar.



Y éste que me lo armé yo recortando fragmentos del cuento.


Me deben , etc.
Me deben comida, coños, cobertores,
zapatos, casa, coche, reloj, muelas;
todo me lo deben.
Por las mañanas no hay quien avance camino de la Central,
la multitud viene arrollando como
una enorme oruga que ocupa toda la acera.
Me deben escuela, novia, tocadiscos, respeto,
sángüich de mortadela en el bar de la calle Vieira Fazenda, helado,
balón de futbol.
Me quedo frente a la televisión para aumentar mi odio.
Cuando mi cólera va disminuyendo y pierdo
las ganas de cobrar lo que me deben,
me siento frente a la televisión
y al poco tiempo me vuelve el odio.
Soy justo.
Quiero vivir mucho para tener tiempo de matarlos a todos.
Por donde yo paso se derrite el asfalto.
Me lo deben todo, té, calcetines, cine, filete y coño.
Me deben una muchacha de veinte años,
llena de dientes y perfume.
Tengo una misión.
si todos los jodidos hicieran lo que yo,
el mundo sería mejor y más justo.
Ya no pierdo mi tiempo con sueños.
mi ejemplo debe ser seguido por otros,
sólo así cambiaremos el mundo.



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lunes, 1 de diciembre de 2008

lindo poema platónico-baudelairiano de pessoa

Ah, tudo é símbolo e analogia!
O vento que passa, a noite que esfria,
São outra coisa que a noite e o vento —
Sombras de vida e de pensamento.
Tudo o que vemos é outra coisa.
A maré vasta, a maré ansiosa,
É o eco de outra maré que está
Onde é real o mundo que há.
Tudo o que temos é esquecimento.
A noite fria, o passar do vento,
São sombras de mãos, cujos gestos são
A ilusão madre desta ilusão.



(ah, todo es símbolo y analogía. / el viento que pasa, la noche que se enfría, / son otra cosa que noche y viento - / sombras de vida y pensamiento. / todo lo que vemos es otra cosa. / la gran marea, la marea ansiosa, / es el eco de otra marea que está / donde es real el mundo que hay. / todo lo que tenemos es olvido. / la noche fría, el pasar del viento, / son sombras de manos, cuyos gestos son / la ilusión madre de esta ilusión.)

jueves, 27 de noviembre de 2008

La muerte, según personaje de Dick


—Si estuvieras en el pellejo de un muerto, seguirías viendo, pero bastante mal, puesto que no podrías mover los músculos oculares. Tampoco podrías mover los ojos o la cabeza. Estarías paralizado y sólo verías lo que pasara justo por delante. Lo único que harías sería esperar y esperar. Una escena terrible.


P. K. Dick, "Una mirada a la oscuridad"





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martes, 16 de septiembre de 2008

Dinescena de Karen Blixen


Los cascos de los buques parecían negros gigantes en la húmeda noche. Sus vientres estaban repletos, preñados de posibilidades; eran portadores de destinos, islas rodeadas de agua por sus cuatro costados. El mar salado les prestaba apoyo por dondequiera que fuesen. Le pareció que una especie de simpatía emanaba hacia él desde los grandes cascos; le dirigían un mensaje, pero al principio no supo comprenderlo. Luego encontró la palabra: superficialidad. Los barcos eran superficiales, y se mantenían en la superficie. Ese era su poder; para los barcos el peligro reside en alcanzar el fondo de las cosas, en encallar. Incluso eran huecos, y el vacío constituía el secreto de su ser; las grandes profundidades quedaban esclavizadas por ellos mientras permanecían vacíos. Una ola de felicidad alegró el corazón de Charlie; tras una pausa, rió en la oscuridad.
«Hermanos míos —pensó—, debería haber venido a vosotros hace mucho tiempo. ¡Bellos y superficiales, errantes y gallardos, veloces conquistadores de la profundidad! Angeles del océano, os lo agradeceré toda mi vida. Dios os mantenga a flote, hermanos mayores, a vosotros y a mí. Dios preserve nuestra superficialidad.»


"El joven del clavel", Isak Dinesen


viernes, 5 de septiembre de 2008

Quasimodo

Aguamuerta

Agua estancada, sueño de las ciénagas
que en vastas láminas venenos maceras,
ora blanca ora verde a la luz del relámpago,
a mi corazón te asemejas.

El álamo se agrisa en torno y el acebo;
hojas y bellotas aquiétanse dentro,
y cada una en su círculo de único centro
desflecadas por el lóbrego zumbido del ábrego.

Así, como sobre el agua extiende
el recuerdo sus anillos, mi corazón,
muévese de un punto y luego muere:
tu hermana es aguamuerta.

(De «Aguas y Tierras», 1920-1929)

Acquamorta

Acqua chiusa, sonno delle paludi
che in larghe lamine maceri veleni,
ora bianca ora verde nei baleni,
sei simile al mio cuore.

II pioppo ingrigia d'intorno ed il leccio;
le foglie e le ghiande si chetano dentro,
e ognuna ha i suoi cerchi d'un unico centro
sfrangiati dal cupo ronzar del libeccio.

Cosí, come su acqua allarga
il ricordo i suoi anelli, mio cuore;
si muove da un punto e poi muore:
cosí t'è sorella acquamorta.

(«Acque e Terre», 1920-1929)



Antiguo invierno

Anhelo de tus claras manos
en la penumbra de la llama;
de robles y de rosas sabían;
de muerte. Antiguo invierno.

Buscaban su alimento las aves
y de pronto hacíanse de nieve;
así las palabras.
Un poco de sol, un resplandor angélico,
luego la niebla; y los árboles,
y nosotros hechos de aire en la mañana.

(De «Aguas y Tierras», 1920-1929)

Antico inverno

Desiderio delle tue mani chiare
nella penombra della fiamma:
sapevano di rovere e di rose;
di morte. Antico inverno.

Cercavano il miglio gli uccelli
ed erano súbito di neve;
cosí le parole.
Un po' di sole, una raggera d'angelo,
e poi la nebbia; e gli alberi,
e noi fatti d'aria al mattino.

(«Acque e Terre», 1920-1929)




miércoles, 23 de julio de 2008

Am0 El bUllicio y la agitaci0´N incESaNtE de la graN ciUdad...

Amo el bullicio y la agitación incesante de la gran ciudad. Lo que discurre perpetuamente obliga a adoptar una moral. Viendo a toda aquella gente en acción, el ladrón, por ejemplo, tendrá que darse cuenta involuntariamente de que es un granuja, y ese alegre y animado espectáculo puede mejorar en algo su espíritu destartalado y ruinoso. Quizá el fanfarrón se vuelva algo más modesto y reflexivo en presencia de todas esas fuerzas creadoras, y es posible que el bravatero se diga, al observar la flexibilidad de la mayoría, que es en verdad un sujeto repugnante por el hecho de complacerse tan necia y vanamente en su presunción y jactancia. La gran ciudad nos educa, nos forma, y no con áridos principios aprendidos en los libros, sino con ejemplos. Nada profesoral hay en ella, lo cual es halagüeño, pues la dignidad del saber acumulado desalienta. ¡Y hay además tantas cosas estimulantes, que sirven de apoyo y de ayuda! Casi imposible enumerarlas. ¡Qué difícil es expresar con vivacidad lo bueno y delicado! Aquí uno agradece la modesta vida que lleva, agradece siempre un poco el vivir aguijoneado y sometido por la prisa. Quien puede malgastar su tiempo ignora lo que éste significa, es el ingrato auténtico y necio. En la gran ciudad, cualquier recadero conoce el valor del tiempo y no hay vendedor de periódicos dispuesto a derrochar el suyo. ¡Y encima todo este trasfondo ensoñador, pintoresco, poético! La gente va con prisa y nos deja siempre una impresión al pasar. Pues bien, esto, que algún significado ha de tener, estimula y da vivacidad al espíritu. Mientras yo estoy aquí, dudando, cientos de personas y de cosas han pasado ya frente a mis ojos y por mi cabeza, demostrándome lo perezoso, lerdo e incumplido que soy. La prisa aquí se ha generalizado porque se piensa que tiene un encanto luchar por conseguir algo, que así la vida cobra un cariz más excitante. Las heridas y sufrimientos ganan en profundidad, la alegría se torna más jubilosa y dura más que en otras partes, pues el que aquí se alegra parece haber conquistado siempre su derecho al gozo con agrura y dureza, a base de fatigas y esfuerzos. Y luego están los jardines, tan silenciosos y perdidos tras las elegantes verjas, como esos rincones secretos que hay en los parques ingleses. Muy cerca de ellos truena y resuena el tráfago del comercio, como si nunca en la vida hubieran existido los paisajes o los ensueños. Los trenes retumban sobre los puentes, que tiemblan a su paso. Por la noche refulgen los escaparates, ricos y elegantes como en los cuentos de hadas, y ríos y oleadas serpenteantes de seres humanos se agitan ante las tentaciones de la riqueza industrial allí expuesta. Sí, todo esto me parece bueno y grande. Resulta beneficioso verse en medio del hormigueante torbellino. Se experimenta una agradable sensación en piernas, brazos y pecho al abrirse paso hábilmente y sin mayores miramientos por entre aquel tráfago viviente. Por la mañana todo parece renacer, y por la tarde todo cae en los apasionados brazos de un ensueño nuevo y desconocido hasta entonces. Es muy poético....



"Jakob Von Gunten"
Robert Walser
(1878-1956)