sábado, 27 de diciembre de 2008

Temporal (apuntes de Juliana Sorel)

1

Hoy que estoy pasando toda la tarde dentro de un copetín de Luque, esta tarde fría, melancólica y turbia, viendo caer una puerca lluvia que carcome las paredes y la gente de esta ciudad aburridísima, he forzado mi pobre memoria y me he puesto recordar otras lluvias, lluvias sentidas a través de libros, lluvias que en muchos sentidos son menos abstractas que esta que cae al otro lado de la ventana.
Comencé a recordar con los ojos extraviados, casi con miedo, personajes y situaciones. Me vino primero, despojada del resto de la novela, una escena espectral de "Yo, El supremo", de Roa Bastos. En esta escena se desata una violenta tormenta. Cerca de la Iglesia de la Encarnación, dos o tres monaguillos caminan acompañando a un cura: «portando velones encendidos que la lluvia y el viento no lograban apagar».
¿Por qué habrá sido ésta la primera escena que recordé? Aventuro en mi cuadernito gris (ese que fatalmente llevo a los bares hace un tiempo): «El fuego que se conserva bajo la lluvia, ¿es acaso una imagen de las pasiones del corazón en medio del hiperestructurado y tormentoso desenvolverse del pensamiento?» Luego, un párrafo abajo: «Y ¿qué es el pensamiento sino una impasible y tóxica lluvia de palabras sobre el baile de los instintos?»
Recuerdo (y anoto) un fragmento de un poema de Charles Bukowski, que dice:
«los muertos no necesitan
aspirina o
tristeza
supongo
pero quizás necesitan
lluvia».
Mientras anoto el poema, mi cabeza agachada se bambolea al ritmo del bolígrafo. Apenas termino, siento unas violentas ganas de preguntarle a la señora que atiende el mostrador -de este copetín que queda, por cierto, al lado de un cementerio- si ella opina igual que yo: los cadáveres luqueños están floreciendo en este momento bajo la lluvia.
Pero no me atrevo y la señora, una mujer gorda, permanece impávida mirando el televisor de pared.
Entonces me arreglo los largos y desordenados cabellos, desordenados como los matorrales que en mí fungen de ideas, y vuelvo a mis anotaciones. Escribo lo que tenía pensado en un principio: citas de unos pocos libros, citados sin intención precisa, citados, tal vez, para darles algún futuro parroquiano a estas páginas.

2
A estas notas las titulo:

Algunos tipos de lluvia

Primero:
En el canto VI del “Infierno”, Dante Alighieri habla de Ciacco, condenado por gula a estar revolcándose en el fango bajo una lluvia fría y tenaz.
Al igual que Ciacco (anoto), muchos personajes literarios –condenados por crimen desconocido– persisten bajo la lluvia en numerosos libros. No he leído lo suficiente para conocerlos a todos, pero de algunos tengo memoria y es de estos algunos que hablaré en estos párrafos, pues, si salgo afuera bajo la lluvia luqueña, es posible que un rayo o granizo gigante (como los que caían en el país de los gigantes que visitó Gulliver) me parta la cabeza y termine escrita yo por otro amanuense cualquiera.

Segundo:
La lluvia es lo que llega y se impone. En el “Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo”, de Gabriel García Márquez, de repente crece un espeso viento de agua y las mujeres comienzan a desesperarse por no encontrar paraguas. Pero Isabel, una mujer que habla a solas como yo, está prevenida porque había presentido la lluvia con una viscosa sensación en el vientre. Y la lluvia que cayó sobre Macondo fue viscosa y gris, como es esta lluvia que aletea en las calles luqueñas.

Tercero:
La lluvia es refugio. Sucede a veces que bajo la lluvia se dan los más hondos presagios, presagios de algún necesario quiebre, de un pequeño necesario dolor, como le sucede al adolescente protagonista de “Arabia”, cuento de James Joyce aparecido en Dublineses. En la casa del chico había muerto un cura, poco antes de que se mudara allí con su familia. Este cura era lector de Walter Scott y su habitación quedaba en una salita interior de la casa. El chico que protagoniza el cuento está tiernamente enamorado de su vecina. No pudiendo un solo instante dejar de pensar en ella, se entrega sin proponérselo a los arrebatos cursis y ridículos de los enamorados.
Me pongo a pensar en los miedos de Joyce (anoto), que dicen que se pasaba gritando de terror cada vez que caía un rayo. Probablemente, de estar aquí en esta ciudad, estaría a mi lado brindándome más datos reveladores de lluvias literarias. Pero inmediatamente me pongo a pensar también (anoto), que por ser Joyce coprófago, al menos en idea como lo revelan sus cartas a su mujer, tal vez se estaría bebiendo esta negra lluvia locamente excitado, o pidiéndome a mí explicaciones sobre si me masturbo en el baño mientras cago, o algo por el estilo.
Luego pienso nuevamente en el niño del cuento de Joyce, el niño enamorado que una noche declara su amor de cara a la húmeda oscuridad de los elementos: “¡Oh, amor! ¡Oh, amor!”, grita. Este niño, de estar aquí ahora en este copetín, quizá estaría mirando el televisor con la señora gorda del mostrador, señora gorda que enciende un cigarrillo y observa de soslayo las empanadas que rebosan en el mostrador de vidrio.

Cuarto:
La lluvia es un pedido de éxtasis. De la mano de un fragmento de “Historia del ojo”, de Georges Bataille, que describe una orgía adolescente a orillas del mar, recuerdo la cruda belleza de las lluvias de verano que azotan seguido esta bochornosa ciudad. Cada vez que leo el fragmento, me ahogan los culos embarrados y frenéticos y llenos cólera de Simona, Marcela y el narrador. Entre los parpadeos de rayos y relámpagos logran verse los órganos sexuales de los tres personajes, mientras el mar bate con furia la playa. Me pongo a reflexionar que el agua es inherente al erotismo, porque si el erotismo es seco, se quiebra. Entonces, si afuera del copetín luqueño, bajo esta obscena lluvia, no existe erotismo, voy a terminar quebrada.

Quinto:
La lluvia es densidad sin densidad.

Sexto:
La lluvia es deseo del todo. Unas palabras anotadas un lejano sábado, posdata de carta escrita a la lejana y nublada Milena, nos lo dice: Kafka mira sentado en su sillón la ventana abierta, mira perdidamente la lluvia y piensa en Milena que se encuentra entonces en otra ciudad: piensa que quizá ella esté enferma, o cansada, o simplemente en la cama; y luego piensa que podría él simplemente levantarse y abrir la puerta de la casa desde donde escribe la carta y encontrar allí a Milena.

Séptimo:
La lluvia es compañía de la muerte. Y es compañía de la infancia, lo irremediablemente perdido, pues la infancia es también sinónimo de muerte. En “La invención de la soledad”, primera novela de Paul Auster, el protagonista que no es otro que el mismo escritor, recuerda los días posteriores a la muerte de su padre. Bajo la lluvia sale Auster al jardín a cargar en una camioneta las corbatas de su padre para donarlas a una institución benéfica. Y en esas corbatas, unas cien, está la infancia del escritor: los dibujos y los colores y las formas de las corbatas son la cara del padre que Auster solía mirar de niño.

Octavo:
Según Alejandro Jodorowski, «Empédocles podía, a través de metáforas mágicas, detener los vientos, causar o parar la lluvia». ¡Qué bien le hubiera venido a Bernardo Soares tener a mano a Empédocles! Pues no puedo imaginar a Bernardo Soares sino a través del capítulo 77 del “Libro del desasosiego”. «En cada gota de lluvia mi vida fracasada llora en la naturaleza», dice Soares. Y yo aquí pienso en mi vida dentro de este copetín, vida de mujer simple con cabellos revueltos bajo este aguacero inmundo que me empapa el alma.

Noveno:
La lluvia del futuro será la misma sin ser en absoluto la misma. En la novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”, Philip K. Dick cuenta que luego de la Guerra Mundial Terminal, el planeta había quedado con una nube de polvo extraño y por la contaminación dejó de brillar el sol. La ONU obligó a la gente a emigrar a colonias creadas especialmente, a la que solo accedían ciertas gentes.
Para apurar las cosas, la ONU fabricó un arma de guerra: el Luchador Sintético por la Libertad, que no era más que un robot humanoide entregado a cada familia para facilitarles la vida. En palabras de Dick: «Ese había sido el incentivo básico de la emigración. El androide era la zanahoria, y la lluvia radiactiva el látigo».

3

Me siento tan inútilmente ansiosa que mejor dejo de lado las lluvias literarias.
Por otra parte, todavía llueve miserablemente por encima de este copetín de Luque.
Y esta lluvia luqueña está envenenada. Estoy manifestando el primer síntoma de la ponzoña: el ensimismamiento. Si me dejo ir, podría ser fatal. Debo, por tanto, segregar mi propio antídoto. A mi alrededor solo veo personajes lúgubres: dos señores beben una espumosa cerveza, acompañando sus comentarios con gestos serenos; la señora que atiende el mostrador ríe mirando una telenovela.
Debo escapar de aquí, aunque termine empapada con la repugnante lluvia luqueña. Tal vez la cura esté en la sobreexposición.
Me iré pensando que, al igual que aquí, todavía sigue lloviendo en innumerables páginas. Cae una lluvia helada, o un cálido aguacero, o un umbrío temporal, o una molesta e incandescente llovizna. Las aguas que caen son de colores trasparentes, o verde musgo intenso, o uno de esos extrañísimos tintes que adquieren en los libros: la lluvia puede ser del color de nuestros ojos, por ejemplo.

14 comentarios:

kurubeta dijo...

este texto tiene aire de ...isabel allende
mujeres ke se emocionan con...la lluvia ?¿
la luvia inunda citys
tambien
deja kaer rayos ke destrozan cabezas
asunxion
se saturó de yuvia este noviembre i octubre!!!
en biare sdicen ke yueve yueve y no s epode sair mais
a no ser en canoa o Batel )ke kursi,no)
en el chaco suenhan con la yuvia menos los rallystas!!!
ke se yo
no entendi nada
eltopiko d elas yuvias
pense ka
era decimononiko!!!

e. r. dijo...

hola kuru. supongo que tendrá algo de isabel allende. no la leí, así que sabrás más vos.
te mando un mail con instrucciones de lectura, pero no te preocupes, es fácil. y bueno, si vos decís que dejó de llover en el período decimonónico, qué te voy a decir. Saludos y gracias por la visita!

marichuy dijo...

"Me pongo a pensar en los miedos de Joyce (anoto), que dicen que se pasaba gritando de terror cada vez que caía un rayo."

No sabía yo que ese gran dublinés y yo, teníamos en común nuestro temor a los rayos.

"esta tarde fría, melancólica y turbia, viendo caer una puerca lluvia que carcome las paredes y la gente de esta ciudad"

Sabe Ever? Iniciando la lectura de su texto, antes de que viera la cita de Joyce, esa línea me trajo a la mente (¿o me llevó a?) Dublín; es como si describiera esa ciudad, excepto porque para nada me parece aburrida. Y al mismo tiempo, esa es quizá la descripción que más se acerca la sensación que me produce la lluvia y que, por extraño que parezca, me gusta.

Saludos.

mariano skan dijo...

ayyy la lluvia¡¡¡fuera de toda joda, esta tarde vi un fragmento de Blade Runner y la verdad es que no para de llover en esa peli, le ahorró al director eso de tener que mojar las calles de noche para que la luz se vea más copada. Otro tanto me sorprendió H Ford haciendo de cana-comprensivo. fin con blade runner. En realidad, por la tarde terminé viendo, del principio al final, quieres ser Malkovich? ahi también llueve en uno de los epidodios finales, cuando caen del cielo sobre la autopista.
y la verdad es que Ud. se pasó con esos apuntes lluviosos, monzónicos, garuneses, trae la lluvia sus cosas.
le cuento, acá en el sur, en la meseta patagónica, si cae una gota le rezamos a diocito, por lo que nos contentamos con lluvia de cualquier especie.

me olvidaba de Juan L Ortiz, ese si que también amó a la lluvia.

Subrayo su episodio cuarto.

saludos

e. r. dijo...

hola marichuy!
hay un libro de marías, vidas escritas creo que se llama, allí hablar de un montón de cosas de joyce que no sabía, entra ellas cita fragmentos de cartas que le escribía a la mujer. si tuviera escáner te mandaría el texto, porque es muy laargo para tipear. así que le tiene miedo a los relámpagos ud? mmm. no sé qué hacer al respecto, pero algo se me ocurrirá.
gracias por la visita!
Saludos

Hola Mariano!
eso de que la luz se vea más copada mató! jajaja. al final, armó una de lluvias de películas!
yo soy de un pueblito chaqueño, ahí (sigue existiendo) llueve cada 11 meses, así que te imaginarás las ganas que le tenemos, je. todavía ahora quedo embobado con la tanta lluvia de buenos aires... y la gente se queja, no saben, un bajón.
Gracias por la visita! Saludos

Cordelia dijo...

Es mucho para mí, después lo releo con más tiempo, lo primero que le digo es que amo la lluvia y este homenaje a ella me encantó.
Me pareció a mi o ud. habla en primera persona del femenino?
Estoy perdida en medio de tanta agua cayendo del cielo como una bendición y tanta poesía emergiendo de su pluma del mismo modo. Un beso.

Ojaral dijo...

Qué bárbaro Ever! Una maravilla este texto. Lo bien que escribe la tal Juliana. Mejor que Stendhal, mire. Y esa capacidad para relacionar textos tan disímiles, créame que se la envidio.
Saludos!

mafalda dijo...

...

Cuando se abren los ojos hacia dentro, con el sonido de la lluvia como fondo, se logran mojar hojas, lugares, escenas, metáforas, poemas.

Llueve cuando amas; llueve cuando lloras; llueve cuando existe una repetición de situaciones absurdas; en algunos paises le llueve de todo, incluso agua; llueve sobre lo húmedo anegando posibilidades; llueve como señal de paz y serenidad; pero también llueve para recordar una enorme soledad; en ocasiones nos llueve mierda (dímelo a mí jeje).

La lluvia es un adecuado compañero de las letras, y seguirá mojando narrativas.

Si la lluvia es redentora, liberadora de pesos inadecuados, me gustaría mojarme.

Un saludo para ti desde el campo de batalla con la muerte.

Aquí en mi país son las 03:05 hrs AM del día 29 de un Diciembre más en mi bitácora. Estoy en la sala de descanso que conoce mis pasos desde hace muchos años, y que si hablara, te contaría de las lluvias que este, mi corazón, ha experimentado.

Feliz Año para ti Ever

Mafalda

Cordelia dijo...

Lo del femenino en primera persona ya me lo respondió Ojaral, después sigo.

Cordelia dijo...

Y ¿qué es el pensamiento sino una impasible y tóxica lluvia de palabras sobre el baile de los instintos?»
Qué buena frase!
Es tan lindo este texto que no puedo terminar el comentario.
No me apure si me quiere sacar más o menos. Continuará.

Anónimo dijo...

nde ever, no te enganches con los colo'os narcisos heridos, son vyros chuscos, vegetan a la sombra del gran kanese... y entraron en la previsible etapa de "matar al padre"...
Acá ngo ya ni los perros le mean...
J.

e. r. dijo...

Hola Cordelia!
disculpe que recién contesto, es que no pude estos días. Pues es una chica. este texto de hace años, para una revista, donde habia una serie de personajes que recorrian copetines al paso experimentando la vivencia cada uno a su manera. quedó olvidado así que lo rescatamos estos días. La verdad es muy simple y haragán la extructura: tipa sentada que cita fragmentos de libros, acotando uno que otro punto; hasta que se pone largo y termina. Espero que en la segunda lectura los puedas disfrutar al menos un poquito. Gracias por pasar, Saludos.


Ojaral: Todos somos hijos de Julian Sorel, pues, alguna tenía que tomarse el atrevimiento de reclamar más explícitamente la herencia. Pero bueno, en este caso no es más que el nombre. Y ni hablemos más del asunto, entre robo y robo, el ladrón tiene como suyo propio al menos el procedemiento. Aunque, digamos que ni tanto ahora. Saludos

Hola Mafalda! Has hablado mejor de lo que podría contestarte. Gracias por los deseos y te los retribuyo. Pero una cosa sí, el saludo viene también de pleno campo de batalla, no le parece? A fin de cuentas, estamos en la misma. Gracias por la visita. Saludos

Cordelia, otra vez por acá? Saludos de nuevo.

J. Y sí chera'a, colo'os, esa es la palabra. Lo de vyro chusco es tal cual, aunque le pondría jahe'o también. Ya nos tocará seguir ese camino, aunque espero poder llevarlo con más humor al menos. GRacias por pasar, mi cuate. Saludos

Natalia dijo...

he llegado!!!! es hermoso el final. seguramente cada uno tiene recuerdos de lluvias de todo tipo, bien variadas. y seguramente se recuerdan por lo que mojan o no, o etc. y si... es del color de nuestros ojos
saludos

Omar dijo...

EVER. (encontré tu nombre por ahí) Disfruto de haber encontrado BARCOBORRACHO. Y ahora, y dado menesteres, como suelo hace con mis lecturas, reservo para leer más tarde el post sobre la lluvia. Iba a cerrar pero di una mirada a los comentarios y mis ganas de ingresar a "lluvia" aumentaron. Veo que hay algo de Joyce, a quien amo desde su Ulises. Ok. Gracias por tu escritura. Venía de una mañana algo boluda y tu ironía, tu escritura me encarriló por la literatura. Bah, lo que yo considero literatura como lo tuyo. Acabás de ingresar en mi biblioteca.