miércoles, 25 de enero de 2012

"Portland", de Alejandro Ferreiro

Editorial HUM
Montevideo 2007



Leí este libro hace unos dos meses y es desde entonces que quiero escribir sobre él, recomendarlo, pues me gustó mucho, lo leí con delectación, de eso me acuerdo, incluso de los momentos en que me ensimismaba a causa de algún párrafo, pero lastimosamente no recuerdo de qué trataba la novela, tampoco recuerdo un personaje, muy vagamente sí me acuerdo que la geografía en que ocurre la trama es Europa, o pretende serlo, pero no niego también que puede ser esta una impresión falsa, producto de la desmemoria, en cualquier caso recuerdo también que la historia se cruzaba, había, de esto estoy seguro, más de un narrador, cuyos nombres –pido mil disculpas- ignoro completamente, pero lo cierto es que en la novela tampoco se identifican estos dos narradores -si no eran tres, o más-, solo al final uno cae en la cuenta de que hechos en apariencia contradictorios se deben a que los narran, y le ocurren, a personajes diferentes, pero no pude saberse a quién ya que el escritor omite identificar a los narradores, simplemente sus voces pasean por las páginas –tan poéticas- de la novela, devanando su drama sin impacientarse –recuero sí, pero esto porque releí un par de páginas hace diez minutos, que hay una mujer llamada Lude, y ahora que recuerdo esto, gracias la lectura reciente, puedo recordar también un poco de la trama: esta Lude tiene un amante y le pone los cuernos, y el amante de Lude conjetura cuál sería el hombre con quien Lude lo engaña, y la duda está entre dos de sus amigos, con quienes comparte borracheras cotidianas, por lo que opta por acusar a uno, al menos mentalmente, pero se equivoca-, en muchos momentos me dio la sensación de que el narrador está en un estado poético tan intenso que no necesita demostrarlo escribiendo poéticamente pero finalmente este estado poético –no sé cómo definirlo, porque no es el reino de la metáfora o cursilería similar, sino un estado de exaltación expectante y oscura, densa y vertiginosa, pero no como el miedo o el espanto, aunque tiene mucho de estos, sino más bien cercano al orgasmo, pero cercano yéndose, es decir lo poético sería el momento exacto en que el orgasmo va a acabarse, no puede haber mayor intensidad, y nos llega de improviso la conciencia de su acabamiento, y uno no sabe cómo retenerlo, sabe que es imposible, pero tampoco puede detenerse en este saber, pues el orgasmo que se va también lo lleva a uno, lo tira hacia cualquier parte-, en fin, no hay mucho más en mi memoria, solo que se habla de caminatas y un robo, o al menos está la policía reclamando un robo, en una casa de informática, donde el narrador, uno de ellos al menos, trabaja, y adonde fue, justo antes de producirse el robo, a probar un disquete que tiene un poema o el fragmento de un diario en el que se habla de Lude y termina como sospechoso del robo, pero ya no recuerdo, esto sí que es triste, lo que ocurría con tal misterio, sé que en cualquier caso podría releer el libro -me gustó-, porque es muy corto -66 páginas-, pero me da pereza, no el libro sino que la pereza es esencial en mí, es mi pasión más profunda, o más intensa, como dice un personaje de Beckett, no me acuerdo cuál, por dios, mi memoria, por lo menos todavía sé quién soy, o eso creo…


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3 comentarios:

Carles Valls dijo...

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bonifacio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
mario skan dijo...

Es esencial en el amante de la literatura la pereza, porque sino còmo se justifican esas horas al dope tirado en cualquier catre viendo pasar las letras en vez de cortar el pasto, lavar el auto, hacer berenjenas en escabeche, peras al vino y cualquier otra actividad burguesa.
Esa manera de reseñar es la justa. No sè què leì, no recuerdo nada, lo único que me indica que la pasé bien es el recuerdo de haberla pasado bien. Siempre me pasa. què pensará uno al leer.
Las narraciones cortas y buenas mejor.
saludos Ever