jueves, 29 de abril de 2010

Procesión de Tambores, de Esteban Cancio!!!


Editorial Barcoborracho y El Invernáculo producciones presentan el libro Procesión de tambores, de Esteban Cancio (Ojaral! elinvernaculo.blogspot.com).
El día sábado 1° de mayo, a las 17 hs. en el ESTACIONAMIENTO RECUPERADO POR SUS ESTUDIANTES DE LA FAC. de SOCIALESAZCUENAGA 933 (entre Paraguay y M.T. de Alvear)
Los libros serán firmados por el autor y les dará un beso.
Con la compra del libro, el/la cliente puede elegir dónde o qué quiere que el autor le bese. (Sugerencia del Elumber...)
Ediciones artesanales llenas de amor.

martes, 27 de abril de 2010

Pombero Tamaguxi, de Edgar Pou






Editorial YIYI JAMBO. Villa Gatúbela (Asunción - Paraguay), 2008.

Primero:
El panorama de la poesía es variado y sorprendente. Esto no significa necesariamente que sea interesante. Más bien al contrario, la producción poética, que es la más intensa y abundante aunque no la más publicada, rebosa en despropósitos esnobs, somníferos, catarsis adolescentes y clisés.
Muy pocas veces el Rayo de Saulo golpea un libro de versos.
Este libro de Pou está lleno de luminosidad. Es para cantar cada palabra, saborearla como hace Nábokov con el nombre de Lolita; dejar que cada sílaba use de trampolín la campanilla, tome otro impulso en la lengua y salga soplada, como un pájaro que emprende vuelo apenas rompe el cascarón del huevo.
Cuando la poesía es un panfleto de sí misma, no queda más que celebrar, como sucede en Pombero Tamaguxi.
Sensual, tarado, ingenuo, políglota, espeluznantemente intuitivo, delicado in extremis, sexual.

Segundo:


Los 3 desejos del niño Pou

Que en paraguay siempre haya cuarteles
Porque alli se hacen las más ricas galletas
Y tienen los mejores pelukeros
Y te dan las mejores botas
Y nunca falta papel higiénico
Y si estás trizte no se nota
(agacharse carrera mar triscar la vandera)
Y las hijas de mi general te sonríen siempre al pasar
Tiene las colas más patrióticas que un marikal
Las tetas más valientes que un jakaré
Y bajo su piel circula pura leche guaraní

Que en paraguay siempre haya hospitales
Con sus enfermeras azabaches
cabalgando las madrugadas rectales purulentas
repartiendo ternura de valkirias
y morfina para todos los poetas
y todo gratis para los que van a nacer
y todo tranki para el que va morir

Que en paraguay nunca falte cola de zapatero
para los niños de mi barrio
celulares escolares
(nuestra cultura debe ser portátil)
que pongan más semáforos eso sí
el tráfico está más mbore cada día
izquierda y derecha agua y espumita
una monedita aquí otra por allá
que purete es el vidrio ñemopotíy nada más señor presidente
gracias a dios, usted es inmortal…




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lunes, 19 de abril de 2010

Vivir me mata, de Paul Smaïl


Editorial ElCobre, Barcelona (España) 2003
Traducción (“Vivre me tue”) del original francés por Ana Labra y Cristina Abril

Esta novela no tiene un autor preciso (aunque probablemente ya se haya aclarado el tema desde el año de la publicación de la misma) y se la atribuye a Jack-Alain Léger, escritor especialista en literatura comparada; es decir: un crítico. Y esto es más o menos lo que pretende la novela: denunciar y explicar la situación de los magrebíes nacidos en Francia, muchas veces incluso ya de padres franceses, pero que siguen siendo tratados como plaga inmigrante.
Paul Smaïl escribe su autobiografía, cuyo resultado es un dietario de frustraciones, donde se enumera numerosos fracasos laborales, amorosos, familiares.
Nos enteramos, entre otras cosas, que de chico era golpeado sistemáticamente por un grupo de inadaptados (o adaptados, por lo cual sería él el inadaptado…); entonces su padre, al enterarse de que fue asaltado con el resultado de quedar sin zapatos, lo llevó a practicar boxeo en el gimnasio de un franco-español, hijo de exiliado republicano, en donde aprendió a tener autoconfianza; luego estudió literatura en Paris X y trabajó de repartidor de pizza y vendedor de libros; tenía un hermano fisiculturista y gay, adicto a los esteroides, que termina muerto, muy joven, en Hamburgo; el padre muere de cáncer de estómago, sufriendo estoicamente; se enamora de una chica judía y es abandonado por ella, situación de la cual no da mayores datos; le gustaba Melville; y un par de cosas más.
En fin, nos enteramos de su vida.
Hay que decir que el personaje Paul es enormemente interesante y deja claramente cuál es la vida de un marroquí en Paris. Parafraseando a Shylock escribe en la página 150:
«Soy árabe. ¿No tiene un árabe ojos? ¿No tiene un árabe manos, órganos, proporciones, sentidos, emociones, pasiones? ¿No se alimenta de lo mismo, es herido por las mismas armas, sufre las mismas enfermedades, se cura con los mismos remedios, siente calor o frío con el mismo verano y el mismo invierno que un francés de pura cepa?»
Y ya antes cita en la página 88: “And if you wrong us shall we not revenge? If we are like you in the rest, we will resemble you in that… (¿No habremos de vengarnos al fin sin nos ofenden? Si en todo lo demás somos iguales, también en eso habremos de parecernos…)”
Una de las partes más interesantes relata someramente los sucesos del 17 de octubre de 1961. Esa noche, miles de argelinos residentes en Paris fueron torturados y ejecutados por escuadrones que asolaban calles y casas y se llevaban a todo aquel que parecía moro.
El libro contiene suficiente información sociológica; pero literariamente no apasiona. Está escrito muy a lo informe médico. Los dos únicos personajes vivos son Paul (el narrador) y, aunque más parcialmente, su hermano Daniel. También Diop, un negro compañero del gimnasio, pinta carne. El resto, una procesión de fantasmas borrosos.
La prosa, metódica, no tiene vuelo. Así que la recomendación va más por el lado sociológico.
Vale decir, de paso, que es un libro corto, ágil, para leer en dos sentadas; no exige profundización sino solo una leve concentración para acordarse de las inmediatas páginas anteriores.
Sin embargo, en la memoria, quedan fijas algunas escenas, casi fílmicas. Y ya por eso vale la pena.
Un beso a todos.




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