domingo, 31 de enero de 2010

Tommaso y el fotógrafo ciego, de Gesualdo Bufalino


Editorial Norma, Bogotá 1996.
Traducción Yolanda González Pacciotti



La literatura negra intenta un retrato de la sociedad mostrando lo abyecto de su conformación, las relaciones perversas que contiene y que el héroe, contaminado por el medio, trata de atravesar como mejor puede, encontrando un particular punto de vista.
Probablemente esta definición no satisfaga a Hammett, pero es más o menos como lo ve este siciliano adorable.
Pues Bufalino es un tipo encantador.
Debió haber sido un conversador genial, lleno de detalles de la aburrida vida cotidiana, que por una transmutación de su pulso se vuelve épica. Y, a la vez, sencilla y fatal.
Tommaso es un ex-periodista que decide huir del medio social, por razones varias (es una paja “reseñar sin contar”) y encalla en un edificio como portero. Se entera así del paso de los días del conjunto de gente que lo habita. Hay un fotógrafo que quedó ciego, del que se hace amigo y que, contratado por un grupo berlusconiano (ricachones que practican orgías para pasar el rato y porque lo pueden pagar), termina envuelto en un asesinato y luego, también, es asesinado él por ser posible testigo.
Se enteran los medios del lío y de la posible posibilidad de que el fotógrafo ciego tenga fotografías de los participantes. Y así sigue, más o menos, la trama principal, con investigación, el pedido de su antiguo periódico a Tommaso para que cubra el caso y este que se pone a investigar, obteniendo datos varios.
El universo entero de la narración, ocurre en el edificio. Hay todo tipo de habitantes allí, desde anarquistas hasta dramaturgos en retiro, igual que noblezas en quiebra y travestis amables. En todo caso, más que en el edificio, lo que ocurre tiene lugar en la particularidad que es Tommaso, y más aún en su prosa. En forma de diarios se narra la historia. Y al igual que en los diarios (lo saben quienes escriben uno) no todo es verdad, más bien al contrario, Tommaso delira y delira, con una poesía que asoma a mostrar el sombrero emplumado y una boca sonriente.
La aburrida historia, tonta historia, solo tienen valor si uno le presta atención al orden en que van conformándose las frases. Es aquí, en la poesía de la prosa, donde es placentero estar.
¿Qué más puede pedirle uno a un libro?
En verdad es medio tonta la historia. Y resolución es una burla al lector, supuestamente, pero no pega.
Pero la edición está buena y la traducción también. Y hay páginas que son, magistralmente, páginas. Y metáforas que, a todas luces, son metáforas.
¿Qué más puede pedirle uno a un libro?
Probablemente nunca sepamos qué pedirle a la literatura y que ella, jodidamente, nos dé lo que no sabemos y tomamos porque sí, hipnotizados por el sonido y la luz las manchas negras y los espacios en blanco.
Bufalino publicó su primer libro a los 60 años. El resultado es tesón y amabilidad y encantamiento.

Hace mucho calor últimamente.




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sábado, 30 de enero de 2010

El exilio, según Nabokov

«En la gente mayor que ha sido arrojada fuera de las fronteras, ya no de su país, sino de su vida, la nostalgia evoluciona hasta transformarse en un órgano complejo que funciona incesantemente y cuyas secresiones compensan lo perdido; o bien se transforma en un tumor cuyo efecto sobre el alma es fatal, y torna doloroso el acto de la respiración y el del sueño y aun el contacto con extranjeros dichosos..."



Vladimir Nabokov, del relato "LIK"
"El tiranicida", Ed. Sudamericana, Bs. As. 1976
Traducción de Carlos Gardini





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lunes, 18 de enero de 2010

Eugenia Grandet, de Honorato de Balzac


Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1984. 268 pp.
Traducción de María Luz Huidobro (buenísima)

1
Una vez, camino a comprar puchos un amanecer de borrachera, me explicaron la diferencia entre "rimpianto" y "rimorso". La primera es arrepentirte de algo que no has hecho, y la segunda de algo que has hecho. (Quizá Strika pueda saber si hay un paralelo español para estos verbos.) Y yo supe que prefería un rimorso a un rimpianto.
Neruda nunca leyó a Balzac. Lo que se perdió. 28 años esperé a leer una novela completa del cabezón (antes leí algunos relatos y por la mitad unas cuantas novelas).
Sabe Dios que fue una decisión sabia.
Si creen en las recomendaciones, pues, simplemente, lean a Balzac.

2
Anoche tuve un insomnio espantoso. Tenía un humor de perros. A las 7 de la mañana fui a comprar leche chocolatada y me tomé medio litro y luego me bañé y salí a tomar el subte, zombi. Le había dicho a mi mujer, cerca del alba, que no paraba de moverse y que no me dejaba dormir. Podrías guardarte ese brazo en el ropero, perra, le dije. Podrías amputarte la pierna en vez de moverla como una anguila epiléptica por la lúgubre cama, le dije. Ella dormía sin escucharme, pues lo dije todo entre dientes. ¿Para qué iba a despertarla, después de todo?
Pero ella no me dio insomnio. Peor, tampoco fue ansiedad por algo ni nada por el estilo. Simplemente dejé que el sueño pase, porque preferí hacer otra cosa.
¿Y qué fue lo que preferí? Pues a Balzac.
Me faltaban unas 150 páginas a las doce de la noche. Me dije, leo un poco y a dormir. A las 3 am me faltaban solo unas 70 páginas. Eugenia estaba volviéndose sublime y yo no iba a entregarme a Morfeo lleno de curiosidad. Terminé a las 5:30, todo cargado de tormenta.
¿Dónde se mete uno tanto libro y después pretende estarse así tan tranquilo?
Estreñido de Eugenia, evité un rimpianto. Y, por supuesto, tuve mi rimorso babeando en mi caja laboral. En mi ataúd rutinario, hecho un drácula insomne.

3
Cuando escribo relatos, atrapo palabra por palabra, como quien oye susurros a través del vano de una puerta, oculto, indigno de entrar, temeroso y culpógeno; atrapo, repito, palabra por palabra, a veces hasta letra por letra, la frase que compondrá hilándose con otras, llena de remiendos, el párrafo, la página, el relato.
Me hago de pobre literatura igual que un voyeur, como un yacaré. Robo el fruto de mi deseo como si fuera de otro. Y me lo guardo en el bolsillo y me desplazo por pasillos vacíos cubierto con un gabán, hasta saberme sin vigilancia y allí, escondido tras la taza de un baño de sótano, tomo apuntes.
¡Oh, no saben el placer!

4
En cambio Balzac, ese gordo cabezón, abre la puerta de cortinas gruesas de su imaginación, y si no le satisface lo que ve grita órdenes a sus fantasmas y los acomoda, cruel, a su antojo.
Cuando los amantes de sus novelas se apasionan, les corta el delirio con frases como: "se dijeron un par de tonterías más y luego ella..." Y no lo hace despectivamente, ¿acaso no son tonterías las bases del amor?
En pleno romanticismo, cuando todo es pasión, Balzac ya es post industrial, sabe que el dinero mueve más pasiones, que la avaricia, la sed de poder y reconocimiento social, no se contraponen a los sentimientos puros, sino que los someten y los borran; y sabe que esto es profundamente humano.
Llegado un punto, cuando más órdenes les está dictando a sus fantasmas, y cuando más seguro de sí se siento, ya pasada media novela, con el límpido camino hacia el final abierto solo para él, Balzac se da cuenta de que los fantasmas se burlaron de él, y que lo que hará no es un estudio sociopolítico, sino gran literatura, enorme literatura, una de las más artificiales y poderosas tretas que haya podido lograr la imaginación de un escritor.
Pasada la mitad de Eugenia Grandet, ya nos es Balzac quien empuja la novela, sino que es arrastrado por el ella, por la corriente atormentada que él mismo creó.
Es tan cierta la frase: consumido por la pasión creadora...
12 a 16 horas de trabajo diario. ¿Cómo no iban a crear un tarado?

5
Consumido el primer sueño por Balzac, estoy listo, cabeceo ya, para tener un sueño más profundo y tranquilo, luego de leer una porquería de página de cualquier revista.



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viernes, 15 de enero de 2010

Prisión perpetua, de Ricardo Piglia


Editorial La Página S. A., 2009.
Bs. As. 128 pp.


Demasiado cualquier cosa para ponerla nomás por ahí es lo que se cuenta, como un hijo bobo de su inspiración e híper cerebral con el objetivo de poner un par de frases sobre literatura que son el transfondo interesante.
Después de unas mágicas primeras páginas todo va por ahí, siendo todo muy genial en frase, pero de una genialidad así nomás.
Un escritor norteamericano llega a Mar del Plata y ahí conoce a un chico bonaerense (Piglia) que escribe un diario y el diario es lo que leemos. El norteamericano está detrás de una mujer y escribe y reescribe una novela (también es Piglia este) y la explica y más y más, Dios santo.
Y hay un conjunto de parrafitos con historias de locos y más.
Y la segunda parte es de... ¡un escritor! ¡Que es Piglia! ¡Que va a una casa de escritores en Francia! ¡Y conoce a otro escritor! ¡Que escribe un diario que predice el futuro! ¡Y el futuro escrito es el futuro del protagonista! ¡Es decir Piglia! ¡Y el nostradamus tiene una hermana que escribe sobre dichos populares! ¡Y Piglia se la quiere curtir, pero en vez de hacerlo, hablan del hermano! ¡Ja ja ja aja jajaja!

¿Se dieron cuenta que hay un montón de escritores protagonistas de libros?
¿Dónde se vio una entomología que estudia a los entomólogos?
¡Qué será, de seguir así, de los pobres insectos!

La coda, llama El Fluir de la Vida, que está en medio de la novela, es uno de los más hermosos y perfectos relatos que se hayan escrito jamás.


Línea para Ricardo Piglia, por su amigo E. R.

La perfecta red del lenguaje se ha deshilado y está deshilándose, pero no forma un continuum de hilo extendiéndose imperturbable como la muerte, sino que al deshilarse se enreda por todas partes y sigue enredándose por ahí, y entonces yo trepo por los nudos buscando una punta suelta para tirar de ella pero termino enredado también por todas partes y sigo trepando por ahí entre la maraña enredándome más todo cargado de hilo y ya estoy volviéndome definitivamente loco.







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lunes, 11 de enero de 2010

Rímini, de Pier Vittorio Tondelli



Ultramar Editores, España 1990.
Traducción de Francisco Sales

Intro
Es difícil decir qué es lo que nos lleva a leer un autor que nadie nos recomendó jamás. El ansia de aventura, resto raído de la infancia, tal vez... Pues, a fin de cuentas, leer un nuevo autor es como ir a un nuevo bar. Y en los bares siempre hay cerveza, ¿no? Siempre cerveza... A veces también uno prefiere algún trago raro. (Nunca de color azul, ni flúor, por dios...) A veces incluso uno quiere ir a un bar solo para escuchar qué música pasan. Y cuándo tiene esas ganas, justo ve desde el colectivo un portal con cartel bonito, y al asomar la cara por la ventanilla para ver mejor ya siente el olor a tabaco e incluso imagina qué tipo de mesas y sillas tendrá, y su luz, y entonces tocamos timbre y nos metemos a ese bar para tomarnos una birrita, traguito, soda, etc...
Pues bien, hay bares que tienen una cerveza espantosa. Y la música no tiene swing y el barman es un tipo hincha pelotas, un bagre y nos cobra el doble por que sí...
Y así, uno piensa: después de todo, en cada libro hay literatura, ¿es o no? Y así como la cerveza, que puede parecer pis, pero a fin de cuentas tiene alcohol, y eso está bien, pensamos que en los libros siempre habrá, como decía Plinio el Joven y repite el Lazarillo de Tormes, algo para aprender.
Sin embargo, hay bares inútilmente bares y libros inútilmente libros...
Y peor, hay libros que no son ni tan tan, ni ton ton.

Extro
Rímini es novela que tiene páginas lindas, personajes que ya están, y el resto es pura basura, cliché, tanto que hasta yo, humilde lector que todo lo acepta, no puedo más que despreciar.
Y conste que a Tondelli lo editaron tan bien, lo tradujeron tan bien, el ejemplar es tan bello, y el color turquesa, y la contratapa, etc. E incluso era gay y murió de sida, lo cuál no quiere decir mucho, pero algo es algo.
Tondelli, permitame hablarle, oigame allí donde esté, en un cielo turquesa, o un infierno sin color: su libro es malísimo.
Sin embargo, Tondelli, ha podido meter algunas páginas muy interesantes, unas muy pocas páginas, en medio de 350. De la cosa larguísima que es su novela, usted pudo haber escrito un hermoso poema en prosa, de media página. ¿Por qué optó por algo tan largo y malo? Quizá en la muerte, Tondelli, que me tocará, usted tendrá su retruque y me dará un sopapo por haberlo menospreciado en este blog, pero, se lo aseguro, volveré a preguntarle: ¿por qué alargó tanto una historia tan barata?
Así estamos. Lerdos ante la pregunta.
Y así quedaremos, lerdos.
La literatura es así, lerda.


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Es a partir de allí que se interroga la disparidad...

«... Es a partir de allí que se interroga la disparidad. Del lado hombre, eso goza en silencio. El fantasma opera en silencio. Hay toda una patología del silencio en el lado masculino: el hombre no debe ser perturbado por el ruido o por la palabra que no va, mientras que esté en lo suyo. O aún, exige que si hay palabras, ellas deben siempre relevar del vocabulario en juego en la sexualidad. Nunca de otro. Hay allí toda una sensibilidad frágil.
Del lado dama, es preciso que el ser amado hable. Ella solo puede consentir a la sexualidad después de una preparación que consiste escencialmente el ser envuelta en palabras, después de lo cual el sujeto conciente. Hay ahí toda una disimetría que hace a lo cómico de las dificultades del amor...»


Eric Laurent, "Los objetos de la pasión"
Editorial Tres Haches.
Trad. Marcela Antelo. pp. 129


martes, 5 de enero de 2010

Quark joyceano

«Hasta hace veinte años, se creía que los protones y lo neutrones eran partículas "elementales", pero experimentos en los que colisionaban protones con otros protones o con electrones a alta velocidad indicaron que, en realidad, estaban formados por partículas más pequeñas. Estas partículas fueron llamadas quarks por el físico de Caltech, Murray Gell-Mann, que ganó el premio Nobel en 1969 por su trabajo spbre dichas partículas. El origen del nombre es una enigmática cita de James Joyce: "¡Tres quarks para Muster Mark!" La palabra quark se supone que debe pronunciarse como quart ('cuarto'), pero con una k al final en vez de una t, pero normalmente se pronuncia de manera que rima con lark ('juerga')»


"Historia del tiempo", de Stephen Hawking".
Ed. Crítica, Barcelona, 2006.
Traducción de Miguel Ortuño


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