martes, 23 de marzo de 2010

Sapukái



Yo observo el pueblo de Sapukái,
o la idea de Sapukái que me transmitieron.
El Sapukái que veo es encantador como un cementerio.
Pero es un cementerio inquieto. Los muertos, o la idea
que tengo de los muertos de Sapukái,
los muertos, digo, son muy activos.
De hecho ahora, mientras los observo
aquí parado, hay millares trabajando
como hormigas:
están desmantelando el leprocomio,
están desmantelando la estación de ferrocarril,
están desmantelando cada vaca y cada caballo y,
por supuesto, cada carreta;
y de paso desmantelan el mantel sin
mesa puesto sobre la polvareda que
abofetea las calles de

Sapukái esta siesta de verano.


Una anciana, o la idea de una
anciana de Sapukái que
yo tengo, me dice que aquí es feliz;
que aquí adoran entregadamente a los ancianos.
Pero, eso sí,
aclara la señora: si alguno se muestra senil,
babea,
tiene dificultad de pararse solo,
o algo por el estilo,
rápidamente, aprovechando la primera
negrura de la noche,
es raptado por los pobladores,
es estrangulado o degollado en el cementerio,
es decir en la calle,
su cadáver es luego arrojado a un pozo,
(las calles están llenas de pozos)
el cadáver es enterrado sin nombre,
y al otro día todo el pueblo celebra
la partida del infortunado,
como si este hubiese ido de paseo a un lugar feliz
y sin posibilidades de volver nunca,
digamos una versión mediocre de dónde van
a morir los elefantes.
Solo por modestia, dice la anciana
que dicen en el pueblo,
no se despiden los ancianos nunca.
Luego hay un almuerzo, prosigue la anciana,
en que viene todo el mundo, y las farras
continúan hasta entrada la tarde.

En ese momento,
quiero preguntarle algo a la
anciana, pero una locomotora cargada de
pólvora la atropella y se la lleva puesta de ninfa
como mascarón de proa.

Acto seguido la locomotora tiñe de rojo el horizonte.





+

4 comentarios:

Richard dijo...

¡Hola Ever! Estoy de vacaciones en Buenos Aires, y quería decirte que estoy entusiasmado leer tu blog acá en vez de al extranjero. ¡Te mando un saludo!

Elumber dijo...

Bello Ever, es aquí donde para mí, las frontera del relato y de la poesía se borran.
Por su puestos, las fronteras son boludas, todas, pero que las hay las hay.
Voy a buscar mi pasaporte.

Elumber dijo...

Otro si, las fronterasssss

Anónimo dijo...

www.cajadeinsectos.blogspot.com