20/set.
El jueves 18 de este del mes, andaba necesitado de un texto que leer en el taller, pues como soy poco imaginativo para despertarles el duende a los chicos no encuentro mejor cosa que recurrir a un autor, a sus palabras, su modo de ver, etc. El tema era, muy poco originalmente, la primavera. Así que debía encontrar un texto que hable de tal.
Entonces llegó el día de de la clase y no había traído conmigo ningún texto (salgo de un empleucho para ir al taller), lo había olvidado, pobre de mí; completamente deprimido me senté en un banco de plaza, a pesar del frío y la llovizna imperantes, a fumar puchos, pues en casos así no sé bien qué hacer y fumo puchos.
El duende no se despertaba.
Me puse a hurgar en mi mochila y ¡ahí! ¡Ahí! Un libro de poemas. ¡Un libro de poemas!
Se trataba, en este caso, de "Sexto", de nuestro querido Juanro Wilcok.
Ya tenía mi duende.
Me puse a hojear entonces en busca de algo que diga sol, flores, alegría, amor, etc. Algo. Nada. Doncellas, erotismo, tristeza, noche, esas cosas que acostumbra la poesía, todo lo que encontré. Como el taller es un siquiátrico, no puedo darme el lujo de despertar erotomaniac@s y/o inducir al suicidio.
No puede garantizarse que los pacientes-asistentes al taller terminen violándose, matándose, o lo que sea. Pero no vale correr el riesgo.
El cabrón de Wilcock no sirve para la primavera
El libro está dividido en 5 partes. Empieza con un poema que hace de puente con "Los hermosos días", anterior a éste. El poema se llama Hae Puellae (¿mismidad de pueblo? ¿alguien sabe latín?).
Este es un poema para leer en voz alta: uno de aquellos para releer a lo largo de la vida (sic).
Escribió Carlos Mastronardi, poeta argentino, cuando salió un libro de W.:
"No es aventurado afirmar que la mitología y la jardinería son los ambientes del arte más frecuentados por Wilcock"
Hay que decir que pocas veces puede verse tanta animosidad. En todo caso, Mastronardi es un pesado aburrido, un carlos argentino daneri. Entonces W. escribe este poema que dedica a todos los mastronardis de la época, carentes de originalidad, copiones de las uropas. Tus putas musas son ajenas, les dice. Jódanse.
Como es muy difícil explicar un poema, he procedido a dibujarlo:

El resto de los poemas van de muerte, traición, amor vivido en agonía, jardines sombríos, el inclemente avance del tiempo, la noche, el sexo y cosas así por el estilo.
Es un libro hermoso y todo eso, pero por más que este servidor se afanó hojeándolo, y forzando interpretaciones, no había nada sobre la primavera.
¿Qué pasa con los poetas que no escriben sobre la primavera?
Es verdaderamente incompresible.
Como si el amor fuera más importante. Como si la soledad fuera más importante. Como si la tristeza fuera más importante. Como si las riñas fueran más importantes. ¡Como si...!
26/set.
La semana pasada escribí esto de arriba sobre "Sexto". No me acuerdo de qué iba lo que redacté y me da pereza releerlo. ¡Hay tanto que leer y más interesante!
Para ser sincero, tampoco me acuerdo mucho de los poemas. Entonces releo unas estrofas al azar:
¿Recuerdas, mi alma, ese árbol favorito?
Verdes eran las tardes a su lado;
míralo ahora en polvo transformado
por los relámpagos de tu delito.
¡Qué trágico! Pero claro, es una exageración, un chiste. Provocador.
¡Y se besaban en la boca, audaces!
Junto a mis libros, junto a mi retrato
celebraban su erótico contrato,
tal vez desnudos, y tal vez locuaces!
Ja, y se preocupa porque hablan. En fin, cada uno con lo suyo. Lo que se dice el sexo oral. Es verdaderamente novedoso el humor en la poesía de Wilcock. Y en una época seria, como cuando la publicó.
Y aquí un poema a una prostituta:
Recuerdo en la penumbra, oh mercenaria,
las dóciles diademas de amatistas
que en la alcoba de Venus Tributaria
ceñían tus efímeras conquistas.
Hondamente requiero, íntimamente,
tu piel inscripta por antiguos besos,
y aquella lasitud indiferente
que ornaba tus eróticos procesos.
(...)
¡En vano, y cuántas veces un amante
creyó verte desnuda bajo un velo
surgir ante el recinto rutilante
de un prostíbulo en llamas sobre el cielo!
Muy bello. Está un tanto enojado, parece, el Wilcock, pero permanece respetuoso. El último verso dice: ¡te creí ver, boludo de mí, en texto de tan excelsos poetas! Pues la poesía es engañosa, estafadora. Asoma una mujer, pero no simple mujer, sino que es mujer y más. Tipos como W., vivos picarones, no le cantan a una musa puta, sino a la puta musa. A la poesía, ya que vamos. A la poesía que se deja manosear y no discrimina con tal que paguen, incluso se entrega a él.
Este libro, "Sexto", está dedicado a todos los Mastronardi de la poesía argentina. Esos esos, que no hay más que decir.
(Estas fotos son de una primera edición)

