lunes, 29 de junio de 2009

El juego del revés, de Antonio Tabucchi

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Percibo a mi alrededor un clima melancólico. La ultraderecha de fiesta, el maquillaje de CFK se le corre en la mejilla, el presidente hondureño Zelaya tiene en pijama sucio en Costa Rica y aquí, en Buenos Aires, llueve. Aprobaron en Uruguay la "Ley de personas de ambos sexos", que intenté entender qué era y no lo pude hacer. Es algo como que en cada votación debe haber representantes de ambos sexos disputando los cargos. Prácticamente ya no tiene sentido la lucha por la igualdad de los sexos...
Y es más, estoy pasando por una época melancólica porque, a fin de cuentas, acostumbro a estar melancólico. Que el mundo esto o lo otro, me da igual, mi melancolía sigue incólume, pues mi melancolía, aparte de ser auténtica y nutrirse de esta época particularmente melancólica, es una pose. Pongo cara de saudade apenas me dispongo a saludar. Al despedirme es peor, casi como si me doliera, por ejemplo, la muerte de Farrah Fawcett. Lo cierto es que no me dolió la muerte de Farrah Fawcett. La verdad es ni siquiera me importó la muerte de Michael Jackson. La gente anda muriéndose todo el tiempo, ¿por qué debería preocuparme? Sin embargo, por la pose que adopto (y que también es parte mi naturaleza), parezco afectado.
La pose del melancólico es interpretada muchas veces como una pose de dolor.

2
Sin embargo, soy consciente de que hay gentes más melancólicas que yo, y que posa de melancólica con más intensidad que yo.
Esto no me afecta, claro. Solo tomo apunte.
Uno de estas gentes es Antonio Tabucchi. Tengo un libro suyo en la mano, "El juego del revés", Anagrama, 2001, traducción de Carmen Artal. Es un libro verde. ¿Qué me pongo esta noche? (What Shall I Wear tonight?) es el título del cuadro de Martin Leman que va en la tapa...
El verde es un color melancólico... y no entiendo la ilustración, ¿qué hace en un libro como este?
Preguntas... siempre hay preguntas...


"Le puéril revers des choses" (El pueril revés de las cosas), dice el epígrafe del libro, tomado de Lautréamont.
Tabucchi vive una melancolía más intensa que yo, y no me da envidia, no, no...
Escribe como si se preguntara:
¿En qué momento me han metido esta escoba tan grande en el culo? ¿Me duele... no me duele...? Es difícil saber... Voy a ponerme a reflexionar sobre el arte... Pero no utilizaré el escritorio, ni la mesa de un café... mejor me recostaré en el piso de mi estudio, así estoy más cómodo... ¿me duele... no me duele...? El arte contemporáneo solo puede hablar de la falta de alma... Oh... Oh... ¿me duele?

3
El primer cuento es muy hermoso, "El juego del revés", tan bont vivant en la prosa, tan sentido el sentimiento. Un hombre, es Tabucchi, que piensa mucho en la muerte. Y es delicado. Es poético, todo el tiempo es poético. Escribe con guantes blancos, de seda, pero con agujeros por los que le salen los dedos. "Cuando María do Carmo Meneses de Sequeira murió, yo estaba contemplando Las Meninas de Velázquez en el Museo del Prado", así empieza el cuento. "Y en aquel momento me encontré en otro sueño", termina el cuento. Ya pueden imaginarse lo que hay en medio.

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"Carta desde Casa Blanca", se llama el segundo cuento. La misiva de un travesti argentino, que nació en Italia y le escribe a su... y se apoda con el nombre del árbol de palmera que los dos querían mucho, Giosefine, y le cuenta la historia de su vida que empezó en un colegio religioso en Mar del Plata y termino en...
"Teatro" se llama el mejor cuento. Un militar portugués conoce en un país africano a un diplomático inglés, que lo invita una noche a su casa, y luego de la cena lo invita al teatro, pero este teatro resulta ser un galpón de madera improvisado donde el inglés se pone a interpretar a Shakespeare, durante muchas visitas, las obras más famosas, haciendo todos los papeles. Esto dura un año hasta que el militar portugués... Buenísimo el cuento.
"Paraíso celeste" es un cuento en que una italiana estudiante de arte se pone a practicar un diseño floral japonés, instada por su jefa, y presencia cómo la aristocracia europea vende muerte al África mientras su putas esposas juegan con flores...
"Las tardes de sábado" es un cuento con título hermoso. Me hubiese gustado saber de qué trata. En la sexta página anoté con lápiz de papel, luego de leer unas líneas sobre el verano en las azaleas: "me importan un huevo tus azaleas". Y luego anoté, en la séptima página, al final de un largo párrafo: "realmente no entendí absolutamente nada de este párrafo". Y creí entrever un desperfecto en ciertas líneas, pues en la melancolía se me da a veces de mecánico. Dicen las líneas: "y las manos sobre el regazo, aparentemente inmóviles, eran sacudidas por un estremecimiento imperceptible". ¿Cómo, pregunto, si el estremecimiento era imperceptible, lo notaría el narrador, pues no es un narrador omnisciente sino un niño que es también personaje del cuento? Y no obtuve nada más de este cuento.

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"Dolores Ibarruri llora lágrimas amargas", es el garciamarquezco título de uno de los cuentos. Tiene esta anécdota memorable: "Se escribían cartas, jugaban a un juego, era un juego precioso, es decir, creo que era una cosa muy poética, leían libros y después se escribían cartas como si cada uno de ellos fuese un personaje de los libros que habían leído, personajes inventados o personajes históricos..."
"El pequeño Gatsby" es otro cuento, con personajes de, claro, FItzgterald, y tiene esta línea preciosistamente preciosa: "ha tenido una infancia cariada que de vez en cuando le duele con punzadas agudas". Y el resto del cuento no importa mucho.

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El último cuento habla de una tipa que trabaja recibiendo llamadas de suicidadas, y ella tiene que evitar que se maten hablándoles de cualquier cosa. Una telemárketer de la vida. "Voces", se llama. Lindo cuento.

7
Me he quemado el bigote al encender un cigarrillo. Esta crónica huele a pelo quemado...

8
Tabucchi...


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Personaje de PK Dick ve a Dios

«—Después de ver a Dios se sintió muy bien, durante casi un año. Y luego cambió todo. Estuvo peor de lo que había estado en toda su vida, pues se dio cuenta de que jamás volvería a ver a Dios. Viviría el resto de su vida, décadas, quizá cincuenta años, y no vería otra cosa distinta a lo que siempre había visto. Lo que nosotros vemos. Se puso peor que si no hubiera visto a Dios. Me lo explicó un día que se encontraba muy mal. Perdió la cabeza y empezó a maldecir y a romper cosas que tenía en su piso, incluso el tocadiscos. Había comprendido que siempre viviría igual, sin ver nada, sin finalidad alguna. Un montón de carne en movimiento, comiendo, bebiendo, durmiendo, trabajando y cagando.»



TIEMPO DESARTICULADO, Philip K. Dick

viernes, 26 de junio de 2009

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A la tarde, mierda, un viernes, mierda, solo, mierda, cruzando el barrio, mierda, caminando, mierda, Marlon Brando, mierda, izquierdo, mierda, derecho, mierda, brazo, mierda, mano, mierda, dedos, mierda, alternativamente, mierda, pie, mierda, dialéctica, mierda, cuchillos, mierda, pistolas, mierda, ladrones, mierda, fuera del beat, mierda, dentro de la road story, mierda, escamas, mierda, trip, mierda, fatamorganas, mierda, jazz, mierda, punk, mierda, aristocrático, mierda, subversivo, mierda, trompeta, mierda, guitarra, mierda, sax tenor, mierda, sin solos narcisistas y masturbatorios, mierda, Davis-Col, mierda, Rotten-Vicious, mierda, to be or no to be, mierda, vivir o morir, mierda, pastillas, polvo, cigarrillos, mierda mierda mierda, MacLuhan-cerebro, Potlatch, mierda, realidad carne Marlon Pollock Mingus Mingus Mingus, mierda mierda mierda, y el Verbo ciego Buñuel Polaco después, mierda, metafísica dualista, metafísica monista, mierda mierda, nada nada, palabra impotente viejo mierda, mierda, lluvia, mierda, words, mierda, words, mierda, words, mierda, Shakespeare, mierda, Win Wenders viejo, mierda, Win Wenders joven, mierda, revolución, mierda, burguesita, mierda, culí, mierda, culona, mierda, acción, mierda, neobarroco, mierda, horror vacui, mierda, voluminoso, mierda, pesado, mierda, ha llegado


Fragmento de "Punk desperazamiento",
de Cristino Bogado. Sarita Cartonera, 2007 (Lima)

martes, 23 de junio de 2009

Gianni Celati se pierde en el Po y no hace nada útil

Narradores de las llanuras,
Giani Celati. Anagrama 1987. Traducción de Ángel Luís Hernández Francés.


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Cuando tenía 10 años, descubrí en el estante de la casa de mis padres un libro de mitos indígenas, llamado Decamerón Nivaclé, copilado por el antropólogo paraguayo Miguel Chase-Sardi. Recuerdo que me llamaron la atención sus colores anarquistas, rojo y negro (aunque en ese entonces no sabía lo que era el anarquismo, se ve que ya estaba viniendo...) y los dibujos de la tapa que representaba un dibujo rupestre de pollerudos danzarines, como son, en el fondo, todos los indígenas. Esto lo sé bien y no quisiera extenderme al respecto. El Decamerón este se conforma de relatos eróticos recopilados por el antropólogo (que después tiene el copy y cobra) en sus andanzas entre los nivaclé, pueblo charlatán del chaco paraguayo. Leí este libro como si hubiera descubierto el fuego, y de alguna manera fue así, y le debo gran parte de mi formación intelectual. Es posible que le deba toda mi formación intelectual. Y gran parte de la física. En fin, este libro fue, en rigor, una simple recopilación de historias oídas al pasar por este tipo que después publicó el libro. Y los textos están presentados a la buena de Dios, en lenguaje limitado y torpe, como si lo hubiera escrito yo a los 10 años. Y esto no es decir poco. Su resultado debió ser un bodrio. Sin embargo el libro es mágico. Hermoso. Vuela. Superman nunca tendrá tanto sexo. Ni Henry Miller. Ni siquiera Fanny Hill.


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Me topé con este libro de Celati (Bolonia 1937) y leí en la contrapa: "Este libro ha sido calificado como una versión abreviada de Las Mil y Una Noches... (Vila-Matas dixit) Es un viaje a través del Valle Padama en pos de historias que contar... a la escucha de narradores orales que hablan de los 'hechos de la vida'", etc. Pensé: Bien. Si en el monte chaqueño los nivaclé tenían historias geniales, seguro que a lo largo del italiano río Po también habrá algunas. Y pensé: además, ni siquiera hace falta pericia literaria pues es solo transcribir desgrabaciones y ya está. Y: qué linda tapa y es ANAGRAMA. Qué buen libro.
Falso.
FALSO.

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Fuera de lo que dice la contratapa, es imposible saber de dónde viene el libro ni para dónde va y está lleno de cosas insulsas que son una ofensa indecorosa para los habitantes del Po. Basta decir que al leer la mitad de libro, con la sensación de un déjà vu muy leve, y sin entender ni siquiera un solo párrafo, sin que me interese ni una sola línea, mi mujer viene y me dice: "Ese libro lo leíste el año pasado y dijiste que era malísimo. ¿Al final te gustó?"
Luz.
Con razón. No me gustaba una mierda.

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Encima el libro trae un mapa de la llanura. ¡Un mapa! Tolkien tenía un mapa. ¿Y para qué? Como si fuéramos a ir a la casa de Frodo. Y este italiano mete un mapa solo para romper las bolas. ¿Qué pretende? ¿Qué vayamos a denunciarle por estafador ante cada persona que le contó (de haber pasado así) una historia?
No me creo nada eso de que recolectó historias. Se lo inventó todo en dos días. Y lo transcribió en media hora. O si las buscó fue entre los peores narradores de las llanuras. Entre los que solo tenían intenciones de burlarse de él contandole idioteces.
Hay, por ejemplo, una japonesa que no ve a un tipo y el tipo se enamora de ella e intenta levantarla sin éxito y luego la japonesa termina atropellando a este tipo y el tipo no dice nada sino que lo acepta porque es su destino ser ignorado por la japonesa, según dice.
¿Es un chiste?
¡Si quiero historias japonesas voy a leer un japonés o leo a Lafcadio Hearn!
Y después hay un relato en que dos niños buscan un adulto que no sea aburrido. Pinta bien el comienzo pero se pone tan pero tan insustancial que los dos niños se fueron quién sabe dónde. Era imposible seguirlos. No sé qué pasó con estos niños. No sé qué pasó con muchos de este libro.

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Sin embargo hay un par de buenas historias. Más bien proto-historias. Que podrían servir para alguna cosa. Quién sabe para qué, pero podrían servir para alguna cosa. En el fondo, todo sirve para algo, ¿no?
Giani Celati no servís como recopilador de historias. Sos lamentable.

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domingo, 21 de junio de 2009

ciberpunk versus telenovelas rosa

La literatura apocalíptica se emparenta bastante con el melodrama rosa de televisión. En ambos casos las situaciones se extreman y el resultado es la completa imposibilidad de una resolución feliz. El melodrama televisivo, al igual que la novela apocalíptica, es un mundo claustrofóbico e intolerable. La muerte, puerta de la liberación, es el gran deseo de cada personaje, aunque no paren de huirle. Las similitudes se acaban en la resolución de las historias. En la telenovela, como hace a veces el arte, los hechos son trastocados con un gran sentido del humor a medida que avanzan los capítulos. Las vivencias más horridas, cuando el dolor parece inaguantable, en los capítulos finales, se transforman en color rosa: risas, besos, casamientos, hijos, felicidad. La ironía llega al punto de mostrar situaciones que de tan cursis se vuelven obscenamente risibles: el galán y la galana se juran mutuo amor leal, los personajes secundarios encuentran pareja, la felicidad baña los rostros, etc. Cuando las telenovelas terminan, nadie recuerda que el desarrollo de la historia estuvo plagado de tragedia, con cegueras, amnesias, muertes, huérfanos y el Mal Absoluto desenvolviéndose a sus anchas en cada rincón. La muerte, esa solución, se re-significa: la nada en la que se pierden los personajes es del color rosa lisérgico. El Mal Absoluto se aparta y da espacio a la luz. Por supuesto, esto no es más que una ironía: ya que nada tiene solución, se exageran las soluciones imposibles. Las telenovelas hacen los finales de historias tan pero tan perfectos que resultan escalofriantes. En la literatura apocalíptica, especialmente en la rabia adolescente del ciberpunk, falta este sentido del humor y los finales son completamente obedientes, amargamente, lloronamente, al desarrollo de la historia. Desaparece todo optimismo y en su lugar solo está la muerte, omnipresente. La risa no alcanza a ser siquiera un máscara para el dolor. ¡Todos vamos a morir, el mundo se está yendo al carajo irremediablemente porque el corazón del ser humano es completamente autodestructivo! Este es el mensaje que nos dan. Y este mensaje, por supuesto, no nos aporta absolutamente nada. Pues lo sabemos desde siempre. Lo único seguro en esta vida es la muerte. Y nos la causamos de la única manera posible: viviendo. Por tanto puede decirse, si lo miramos en un plano puramente intelectual, que el ciberpunk y el resto de la literatura apocalíptica llevan las de perder frente a los guiones de telenovelas.


Fragmento del cuento "Osobuco",
Junio 2009
(Este post es de inauguración del vestido nuevo)



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domingo, 14 de junio de 2009

Caro Michele, de Natalia Ginzburg



La gran pregunta es qué he estado haciendo en vez de leer este libro. ¿Leyendo a Ammaniti? ¿A Guebel? ¿A Bizzio?
(Es probable que ya gracias a ser la tercera o cuarta vez que los menciono sus lectores aparezcan por estos lares)

"Querido Miguel", "Caro Michele", es un títutlo tan indudablemente hueco, inane, cutre (como dirían los ¿guatemaltecos? ¿salvadoreños?) y sin embargo es un librazo.

Estoy profundamente caliente por esta escritora, Natalia G. Por lo mismo fotografié ilustrativamente su libro al lado del calefón.


Ediciones librerías Fausto, Buenos Aires 1974.
216 pág. Traducción de Marcela Milano.


Vi su foto y debo confensar que me resultó una mujer espantosamente horrible, hórrida. Sin embargo la sigo sintiendo tan pero tan sexy... Si tuviera el cuerpo como la prosa que escribe, probablemente ya hubiera ido a Italia para desenterrarla.
De joven está pasable aunque no es un primor.
En fin. Estoy completamente enamorado y sus libros son ¡tan caros!
Habría que fusilar a los libreros desalmados. Habría que fusilar a un montón de gente que no tiene nada que ver con libros pero se merece un tiro. No hace falta que camine dos cuadras para encontrar candidatos...
El libro, de Natalia G., trata de una serie de cartas destinadas a un tal Miguel, con partes narradas en omnisiente, también este Miguel responde algunas cartas. Los que escriben son su madre, sus hermanas, un par de amigos, cada uno perdido, arrastrando su miserable existencia, mientras Miguel va de ciudad en ciudad, miserable también, se casa, muere el padre que es pintor como él, que estaba separado de la madre, llega a inglaterra en uno de sus viajes, no va al funeral de su padre, su madre está sola extrañando al ex, por dios, no pasa nada interesante. Pero bueno, la literatura no trata de pasar siempre algo, ¿no? Para eso están las películas, y la vida de los demás, donde siempre pasa más que en nuestras vidas, ¿no?
Por eso estamos tan pendientes de los demás, porque en nuestra vida no pasa absolutamente nada.
Yo por mi parte miro este blog, o este otro, obeservo las ventanas de los departamentos vecinos (mientras mis vecinos observan la mía), vigilo a mi mujer, y entonces, como veo que por ahí tampoco pasa mucho, me pongo a leer, y en Natalia G., por dios, tampoco pasa nada... Pero ¡qué manera de no pasar nada!
Pues hasta la muerte tiene sus maneras... el vacío tiene sus maneras. Y así también la oscuridad, el vértigo, el agua que corre, la crema del café, las bolas de billar son únicas en su circunferencia, etc.
Este libro, decía, por lo menos tiene capítulos. ¡Hay tantos libros que ni siquiera tienen capítulos!
Es genial ir de un capítulo a otro, o decir, por ejemplo, leeré solo hasta el 3, y luego llegamos al 3 y decimos, entre otras cosas, cómplices de nosotros mismos, voy a leer un capítulo más. ¿Se imaginan los libros sin capítulos? Uno para de leer y si por casualidad no se tiene marcador hay que hacerle un dobladillo a la hoja, o se pierde el marcador, y entonces ¿cómo hacemos para recordar? ¿Dónde detenemos la lectura?
Natalia G. tiene una prosa tan sexy, tan histérica, delicada, y además tiene capítulos. Es una escritora completa, no hay más que decir.
Al terminar la lectura hice una serie de anotaciones que transcribo, para lo que sirvan, que se titulan

Pensamientos acerca de Querido Miguel, libro hermoso de Natalia G.
¿Cuál es o en qué consiste ese oscuro lazo que nos une a nuestros seres queridos? ¿Costumbre, miedo, inercia?
Nunca logramos conocer a las personas que creemos conocer, porque es imposible traspasar el abismo. Las personas son, ante todo, un abismo.
Nos movemos como extraños en una tierra extraña y elegimos unas pocas caras extrañas para intentar sentirnos un poco más confortables.
¿Cómo no amar este mundo si no tiene ningún sentido? ¿Por qué amarlo si no tiene ningún sentido?
Sufrimos vértigo. El vacío nos seduce y llama incansablemente. Nos lanzamos en él o huimos de él. Sea cual sea la decisión que tomamos, estamos haciendo las dos cosas a la vez...

Y así cosas por el estilo.
¿Por qué me ha gustado tanto este libro?
Pues porque tiene personaje bellos, tontos, cretinos, desalmados, melancólicos, humanos, si es que este adjetivo tiene algún fundamento. Y una prosa completamente entregada a la disección de su literatura, es decir no se vende para ser genial, nada de superefectos, a lo Fresán, por ejemplo.
Se nota que Natalia G. ha vivido algo y tiene ovarios para contarlo, sin ser panfletaria ni nada por el estilo. Es, sin embargo, una militante de la vida, pero no anda por ahí haciendo elogios o lloriqueando que la vida es una mierda, aunque esto, claro, sea completamente cierto.
"Nos consolamos con nada, cuando ya no tenemos nada", dice en una parte. Oh, qué sexy es.
La melancolía y la desesperación son los sentimientos más excitantes del mundo. Y más todavía la resignación.
Rendirse ante la vida es el único acto noble.

Otra cosa antes de terminar. Por medio de esta entrada quisiera también avisarle a Marta Lena Paz que encontré su certificado de una ponencia que hizo en Córdoba hace 16 años. Estaba dentro del libro de Natalia G., que compré de una tienda de usados. El certificado está intacto. De paso le digo que la próxima tenga más cuidado, que seguro sirve para algo un documento así.



Saludos a todos.




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miércoles, 10 de junio de 2009

Conjeturas sobre un sable - Claudio Magris


Editorial Anagrama 1994. Traducción de J. A. Gonzáles Sainz. 112 páginas.



Si bien hay cosas que no merece la pena saber, también hay que sí valen la pena, y otras que ni valen la pena ni dejan de valerlo, es decir, uno puede vivir igual sabiéndolas o no sabiéndolas, lo cual les da un aire de inutilidad pero que sin embargo pueden servir para una conversación casual o, por ejemplo, hacer una analogía, divagar, etc. Realmente yo vivía bastante tranquilo sin saber de este tipo, Piotr Krasnov y pude seguir, estoy seguro, bastante bien sin saber de él. Y también puedo asegurar que de no ser el personaje tratado en este libro de Magris, me hubiera topado ante su biografía con una gran indiferencia. Pero he aquí la magia de ciertos textos: te despiertan el interés no tanto por lo que cuentan, y ni siquiera por lo que le agregan o digregan, sino por la simple manera de contarlo. Una buena prosa vale más que mil argumentos, muchas veces, digo, pues es obvio que no siempre.
"Conjetura sobre un sable" va de la historia de este tipo, un cosaco que se alió a los nazis con la esperanza de que le den un terrenito en Ucrania para fundar una patria cosaca, pues como eran nobles muchos de estos cosacos fueron expulsados a patadas, so pena de muerte, por los bolcheviques. Entonces este tipo, junto con otros miles, se suman a las batallas contra los rusos que llevaban los alemanes, y por supuesto pierden, y no fundan ni una patria de cosacos ni nada, sino que quedan olvidados por ahí, haciendo lo que mejor podían, como hace todo el mundo cuando se da cuenta de que la historia les pasa por encima y por los lados e incluso encima de su nombre, aunque en este caso hay que aclarar que a este tipo le valió una entrada en Wikipedia, lo cual no es poco, y además es muy bien considerado por la historia cosaca, lo cual es más interesante aún. Según cuenta Magris, y lo corrobora la historia, el tipo muere batallando en Carnia y es sepultado con su sable, y es desentarrado una década después por militares compinches suyos y erigido como héroe. Pero he aquí la particularidad: según otras fuentes, y esta parece ser la real, el tipo muere en Rusia en manos de los bolches, que andaban por esa época colgando a todo aquel que intentara joderles la revolución. Pero como esta muerte es muy ignominiosa, escenificaron la otra en que el hierro o el plomo se llevó a este héroe guerreando. Y también, agrega Magris, hay una historia de odios, tradicionalismo, hijodeputismo, polleras, todo lo cual forma parte del acervo cultural de cualquier país.
El que cuenta la historia es un cura bastante aburrido, por cierto, que es mandado por la iglesia a que prepare un informe sobre Krasnov, esto cuando lo desentierran en Carnia. Años después, el cura escribe una carta, lo que será el libro, a otro que no recuerdo quién era porque probablemente no me interesó. En la carta, este cura divaga sobre Krasnov, que resultó ser, además de un militar aventurero, como todo cosaco, sin patria más que su nomadismo, como todo cosaco, un escritor de novellas folletinescas, esto ya no es particular de todo cosaco, en las que resumaba odio a los bolches, probablemente esto también sea particular muchos cosaco. También en la carta el cura hace crítica a la historia, a la literatura, a los nazis, en fin, a una buena cantidad de instituciones.
En las novelas Krasnov hace como un recuento de la identidad de los cosacos y crea un militar ficticio que sería una especie de alter ego, que pasa aventuras en todas partes, incluso guerrea en Río de Janeiro, va contra indígenas chamacocos en Paraguay y viene a Buenos Aires quién sabe para qué. Sobre estas cosas no dice mucho y es una lástima.
Y así el libro sigue, bla, bla, etc. Y el tipo muere, y resulta tener dos muertes, etc. 105 páginas escritas y 7 en blanco, etc.
Este Magris es un tipo elegante y sigo pensando que debe ser un gran seductor. Y tiene una prosa muy agradable y encandiladora, aunque, claro, en este libro no se ve mucho pero se, como se diría, vislumbra. Asoma sería mejor.
Lo que más me emocionó fue que aparezcan en este libros mis dos países favoritos: Paraguay (donde nací) y Argentina (de donde es mi mujer y es donde vivo), ambos mencionados apenas en un par de líneas y sin que adquieran ninguna relevancia. No sé por qué me estaré fijando en estas pelotudeces. En fin, lo cierto es que también me fijé en estos detalles por otras cuestiones más bien del orden del divagar y analogar, si es posible convertir esta palabra en verbo.
Me explico: cuando Magris cuenta el apoyo cosaco a los nazis, explica también como los alemanes consideraban inferiores y pura carne de cañón a los cosacos, pues no eran arios sino cosacos, como es obvio, y les llenaban en coco de mentiras y los dejaban ser menospreciados por cualquier oficial alemán que tuviera ganas de fastidiar a alguien. Y, también, cómo los cosacos más despiertos fueron acumulando un lento odio contra los alemanes. Pero lo aguantaban todo para un día poder patearle el culo a los bolches.
Para armar la analogía, recuerdo que los rusos nobles fueron también por su parte (algunos muchos tambien aliados a los alemanes) a pelear contra los bolches, y estos rusos, para diferenciarlos de los bolches y por otras razones más que no sé bien, eran llamados rusos blancos. Estos rusos blancos no se tragaban a los bolches porque les sacaron la plata pero tampoco se bancaban a los cosacos porque eran un borrachos haraganes, todo lo cual queda bastante graficado en la literatura rusa clásica. Pero bueno, lo cierto es que tanto cosacos como rusos blancos fueron utilizados y traicionados por los alemanes. A los cosacos, por ejemplo, lo altos oficiales alemanes entregaron en bandeja a los aliados, a cambio de favores menores. Y a los rusos blancos les hicieron también de todo. A fin de cuentas, eran unos miserables hijos de puta los nazis, como sabe todo el mundo.
Y a todo esto me puse a recordar una historia que ocurrió entre Bolivia y Paraguay, la famosa y estúpida guerra del chaco (quizá la más estúpida guerra en la historia de las guerras, esto sin ofender a los ex-combatientes de ambos bandos, que mucha culpa no tienen), que fue del 32-35, en los terrenos donde nací (chaco) y que mató a un montón de gente solo porque la Standard oil quería petróleo. Bueno, a lo que voy, en esta guerra los bolivianos estuvieron a cargo de los alemanes, en gran parte. Primero porque su ejército se educó con militares alemanes, segundo porque el general Hans Kundt estuvo a cargo del ejército boliviano en la ofensiva, y tercero porque muchos oficiales de las tropas bolivianes eran alemanes venidos especialmente de alemania para la contienda. Es decir, los alemanes vinieron re-lejos para pelear contra paraguayos, que siempre le dieron cobijo a miles de inmigrantes alemanes, incluso hasta ahora, hasta la hermana de Nietzsche fue allí a fundar una ciudad, es decir, son unos hijos de puta.
Del lado paraguayo sin embargo se juntaba otra gente: paraguayos de siempre, indígenas, inmigrantes de todas partes, en especial intalianos haraganes que no sabían que hacer con sus vidas, como la mayoría de los italianos, alemanes, cuándo no, y también y particularmente rusos, ucranianos, lituanos, etc. En el grueso del ejército paraguayo había una gran cantidad de cosacos y rusos blancos, y entre estos últimos los que ya habían peleado contra los bolches adquieron incluso rangos altos. Quizá el más famoso sea Juan Belaieff.
En fin, puestos a hacer la analogía: los rusos (cosacos, blancos, etc.) se cagaron a tiros con los alemanes siempre, incluso vinieron a disfrazarse de sudamericanos para cagarse a tiros, pero sin embargo se aliaron a los peores alemanes de toda la historia: los nazis. Y todo por cagarse a tiros con otros rusos, es decir los bolches. Quizá la conclusión sea esta: a quién más odia el ruso es al ruso (claro que hay que tomar en cuenta que hay muchas lenguas y razas en rusia). Pero también puede ser esta: qué hijos de puta los nazis. O esta:





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viernes, 5 de junio de 2009

Magris 1 - Lit. It. 4

LA EXPOSICIÓN,
Claudio Magris (Trieste, 1939). Anagrama, 2003. Traducción de Juan Octavio Prenz. 96 pág.

Se utiliza mucho el término inclasificable como parte de campañas publicitarias para ciertos libros. Como ejemplo tenemos "La carretera", de Cormac McCarthy. Un libro de ciencia ficción, con argumento apocalíptico sin absolutamente nada particular, que las comercializadoras de libros han moteado de inclasificable para no asociarla a un género menor como se ve a la sci-fi.
En cambio, este libro de Magris sí que es inclasificable, como género, digo, porque si bien parece desenvolverse como una opereta, contiene escenas impensables en un escenario (es cierto que todo se puede, pero ciertas cosas resultarían estúpidas e innecesarias), fragmentos de poemas, aforismos, coros, onirismo, etc. Lo que sí podría decirse, es que es una obra de teatro creada para ser representada únicamente en el papel y en la mente del lector.
Y otra cosa: es complicado saber de dónde viene y para dónde va. Y también:; es atrozmente aburrido. Pero sin embargo es bastante corto, lo cual habla bien del decoro del autor.
El argumento gira en torno a la vida y la muerte del pintor triestino Vito Timmel, ex-recluso de manicomio, quien es relatado, apreciado y convertido en mito por una serie de frases pertenecientes a amigos del pintor, sillas, el director, el psiquiatra, un coro anónimo, el mismo Timmel y otros.
Se nota de paso que Magris admira mucho la poesía francesa (llamada maldita, porque así tiene más onda) del siglo XIX, con Baudelaire, Verlaine, Lautréamont a la cabeza, y también que tiene una especie de percepción cristiana de la vida.

Un Baudelaire un tanto estreñido.
A parte del parafraseo de El albatros, también esta frase maldororiana-baudelaireana ejemplificando el parentesco con la poesía francesa:

«Hombre, nadie ha sondado el fondo de tus abismos;
oh, mar, nadie conoce tus íntimos y ocultos tesoros....»
(pág. 56)

"hipócrita mar, imagen de mi corazón" CANTOS DE MALDOROR

Hay otra cita que dice casi lo mismo que Magris en los Cantos de Maldoror, pero la recuerdo. Para el caso, es lo mismo, etc. Lautréamont es quizá el modelo más patente en la creación de LA EXPOSICIÓN. Quiero recalcar esto, que no pasa de ser una opinión personal, por el hecho de que Claudio Magris es para italia y europa un famoso germanista, y por tanto con justa razón puede decirse que esta frase es una respuesta, por ejemplo, al Zaratustra de Nietchszche, que en el primer párrafo (del capítulo "Del hijo y del matrimonio)" dice: "Tengo una pregunta para ti solo, hermano mío: como una sonda lanzo esta pregunta a tu alma, para saber lo profunda que es." Y a continuación, le pregunta si es capaz de concebir un hijo, etc. Lo importante aquí es la asociación alma-mar (por lo de la sonda), que puede también traducirse corazón-mar. Y a continuación Nietszche dice algo así como que lo que los peces no han podido sondar, es insondable, y da una imagen del corazón humano como iconprensible y vasto, donde no es posible sino ser un pez. Bueno, quizá parezca rebuscado (qué escritor no lo es), pero también puede, como germanista, apuntar a esta asociación. Lo pienso principalmente porque no conozco mucho de la poesía alemana que lee Magris, y al único poeta loco alemán que conozco es Hölderlin, pero éste es demasiado diferente de la imagen de Timmel.
Sin embargo, por la estética, creo que Magris se emparente más con los franceses, incluso con tintes de posmodernismo antipsiquiátrico.

Y ejemplo de lo segundo (imagen cristiana, lo cual también lo asocia con los poetas malditos), es esta otra cita:

«La culpa estaba allí, la culpa está en el comienzo de todo..., hacer es inocente, ser es culpa... Y en aquel paraiso se creaba el infierno.»
(página 48)

O Magris es ateo, o bien un católico post-hippie.
También encontramos frases cabareteras, propias de un esteta cool de la locura, corroido por los nonsenses y la impronta del lenguaje que en sí mismo juega un papel lacaniano en el mundo:

«Aia baia vaca canalla
tía bía qué compañía
heno ceno obceno
puro obscuro panduro»
(página 39)

Hacia final se vuelve moralista y reivindicativo (lo cual, en mi opinión, le da los puntos que le faltan en las páginas anteriores para ser considerado un libro salvable):

«El caso Timmel demuestra cómo nuestro sistema social-carcelario-concentracionario-manicomial-totalitario, en la cual la psiquiatría es la institución totalizante y desviante por excelencia, productora punidora y segregadora de la desviación, no admite cuestionamientos concretos y reprime el malestar social transfigurándolo y deformándolo en malestar puramente personal, etiquetándolo como enfermadad, o sublimándolo como arte. Lo que pone en discusión los valores de la clase dominante en tolerado y confinado en esferas ad hoc políticamente inocuas, la enfermedad o el arte...
»La burguesía crea para sus rebeldes espacios absolutos, en los que el choque con la cotidianidad alienada es separada de esta cotidianidad y de sus causas sociales. Se distorsiona la protesta social en un monólogo sin interlocutores; viejos Lieder de Heine citados a contrapelo, restos de campos e imágenes olvidadas que surgen del corazón, lo estrechan por un momento y, después, sálvese quién pueda, la inhibición bloquea la pulsión erótica, prohibe incluso hablar de ello, nada de orgasmo, nada de revolución...»


Al releer las citas me parece un libro genial. Claro, es fácil si uno toma solo unos pedacitos. ¿Qué libro no tiene por lo menos una frase genial? Uff. Ammaniti, por ejemplo. Y Guebel y Bizzio. Hay un montón. En fin. Saludos.



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martes, 2 de junio de 2009

«La manía de casi todos los hombres es mostrarse por encima de lo que son; la manía de los escritores es mostrarse hombres de Estado. En consecuencia, todas las grandes medidas de fuerza extrajudicial, todos los recursos a las medidas ilegales en situaciones de peligro han sido, siglo tras siglo, contadas con respeto y descritas con complacencia. El autor, tranquilamente sentado ante su mesa, lanza en todas las direcciones la arbitrariedad, he intenta inyectar en su propio estilo la rapidez que recomienda en las medidas; por un instante, se cree investido del poder, ya que predica su abuso, y su vida especulativa se inflama con todas la demostraciones de fuerza y de potencia con que decora sus frases; de manera que se ofrece a sí mismo algo del placer de la autoridad, repite a voz en grito las grandes palabras de salvación del pueblo, de ley suprema, interés público; se extasia ante su propia profundidad y se maravilla de su propia energía. ¡Pobre imbécil! Habla a hombres que no piden otra cosa que escucharle y que, en la primera oportunidad, realizarán sobre él la experiencia de su teoría.
»Esta vanidad, que ha alterado el juicio de tantos escritores, ha provocado más inconvenientes de lo que se cree durante nuestros conflictos civiles. Todos los espíritus mediocres, conquistadores de una porción de la autoridad, estaban atiborrados de todas estas máximas, tanto más agradables a la estupidez cuanto más le servían para cortar los nudos que ella no puede desatar. No soñaban en otra cosa que en medidas de salvación pública, grandes medidas, golpes de Estado.»

Benjamin Constant.
"DEL ESPÍRITU DE CONQUISTA Y DE LA USURPACIÓN"

lunes, 1 de junio de 2009

Miedo en la Scala, Dino Buzzati



Centro Editor de América Latina, 1983 (Buenos Aires). 192 páginas. Traducción de María Julia de Ruschi Crespo.


"Voy notando -y no se lo he confiado a nadie hasta ahora- voy notando que de día en día, a medida que avanzo hacia la meta improbable, en el cielo brilla una luz insólita antes nunca vista, ni siquiera en sueños; que las plantas, los montes, los ríos que atravesamos, parecen hechos de una escencia diferente de la nuestra y que el aire trae presagios que no sé explicar."
pág. 96




Somos frágiles, los seres humanos. Unas pocas páginas nos causan un temblor extraño y leve, que pasa rápido, y cuando creemos que recuperamos el aplomo lo que en verdad recuperamos es el viejo y siempre hermoso temblor: la emoción infantil ante la voz de alguien que ha vivido o sabe cosas que nosotros no.
Más o menos así sentí durante la lectura de este libro. Me dije: sigo siendo un niño. Esto es un eufemismo para decir: ¡soy tan fácil de embaucar!
¿Y cómo embauca Buzzati?
Pues con la serenidad de un fabulador vestido de Marco Polo en un teatro cuyos espectadores son todos niños disfrazados de grumetes, sandokanes, pilotos de avión, hombres-rana, etc.
Y se presenta como un Marco Polo bastante melancólico. Y sus historias son tristes como es triste la verdad. Y sus personajes muchas veces están muriéndose, o matando, o ya han muerto. Y sus paisajes se están desvaneciendo.
¿Cómo se crea un corazón aventurero?
Pues con miedo. Los niños son los que más saben del miedo. Porque siempre hacen algo con él. Tarde o temprano, lo enfrentan, ya sea fabulándolo, destrozándolo, dejándose destruir, huyendo, burlándose de él. Los niños se aventuran en el miedo, como mejor pueden, y crecen.
Buzzati escribe con el corazón aventurero.
Al leerlo volví a sentir el dolor de crecer.
Son 19 cuentos en este libro, algunos geniales, otros malos.
Fue un placer haber vuelto a sentirme crecer.



"Una esperanza nueva me llevará mañana

adelante todavía, hacia aquellas montañas
inexploradas que las sombras de la noche
están ocultando. Todavía una vez levantaré
el campamento mientras Domingo desaparecerá
en el horizonte por la parte opuesta, llevando
a la ciudad lejanísima mi mensaje inútil"
pág. 96


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