viernes, 3 de abril de 2009

La transformación de Eduvigis




Eduvigis está sentado en medio de un pueblo caluroso, busca la dirección de una fiesta de cumpleaños a la que fue invitado. Interroga a un peatón anciano, que le mira con desconfianza y que, luego de meditarlo unos segundos, le dice que si va ahora solo podrá comer los restos de la comida, pues la fiesta ya acabó hace rato. Eduvigis le dice al anciano que está demasiado alegre como para preocuparse por esas minucias.
Hoy hace un día hermoso, y últimamente mi estómago solo se alimenta de buena conciencia.
El anciano acepta sin opinar el comentario, esboza una sonrisa de cortesía y le explica a Eduvigis cómo llegar a la fiesta. En las calles hay mucha suciedad, advierte Eduvigis. Hay montones de latas, colillas de cigarrillo, bolsas de hule llenas de panificados y hortalizas podridas, todo tipo de basura esparcida por todas partes. Es imposible esquivar la basura, observa Eduvigis, porque las veredas y las avenidas son muy estrechas.
Al doblar una esquina, Eduvigis encuentra un gran basural de metales, lleno de alambres, tornillos, herramientas de ferretería oxidadas, baldes y ollas de hierro. Entonces se quita los zapatos para no arruinarlos y trata de caminar con el mayor cuidado posible. Pisa, con delicadeza, destornilladores y clavos, que rápidamente le causan heridas profundas en los pies. Eduvigis se detiene en medio de la calle para observarse las heridas. Cada una es un agujero con el diámetro de un meñique: tiene uno bajo el dedo gordo del pie derecho, otro en la planta del mismo pie, y otro en el empeine del pie izquierdo. Aunque no sangran, Eduvigis se asusta y grita con los ojos desorbitados pidiendo ayuda. A su alrededor no encuentra a nadie. Se calma y, en pocos segundos, vuelve a recordar el cumpleaños. Mientras Eduvigis intenta recordar de quién era el cumpleaños olvida sus heridas y éstas dejan de dolerle.
Solo me duelen, se explica Eduvigis, cuando tomo conciencia de ellas.
Acto seguido Eduvigis piensa en las llagas de Cristo, pero solo un ratito, pues debe retomar la búsqueda del cumpleaños.

Luego de una difícil marcha, Eduvigis llega al cumpleaños. Bolodo saluda a Eduvigis con alegría y le presta unos calzados con forro de gamuza para que no le molesten las heridas. Eduvigis le da las gracias y le pregunta por los restos de comida. Mientras le sirve un poco de pollo con ensalada de choclo, tomates y chaucha, y un vaso de cerveza, Bolodo le habla de la poeta & y de un relato de ella acerca de un loro que quiere leer hace tiempo. Eduvigis come mientras escucha, sabiendo que la historia que le cuenta Bolodo es un invento estúpido, pero, precisamente por ser conciente de la mentira, ayuda a Bolodo a llenar de adornos la falsa historia.
Probando sus propios límites, Eduvigis le cuenta a Bolodo el cuento la poeta &.
Es la historia de un niño que se convirtió en loro por esas ideas que tiene & y que poco se entienden. En la historia había una isla y batallas y tristezas por abandono. Loro y niño son huérfanos adoptados por desconocidos. Quizá causada por una constelación astral particular, un rayo desciende una noche como una nave y se posa sobre niño y loro y ambos truecan papeles. Esto sucede frente a los padres adoptivos y unos vecinos que esa noche se encontraban cenando con ellos. Al loro le crecen piernas y brazos, y al niño plumas. Como los loros hablan por repetición, pero hablan, los dos siguen con el don del lenguaje. Crean confusión constante donde van, pues, como siempre están juntos y hablan casi a la vez, no se sabe quién tiene la idea, si loro o niño, y quién es el que repite. Pasado un tiempo la gente olvida el trueque de cuerpos, le resta importancia al asunto, lo trivializa. Incluso hacen circular el rumor de que vino un nuevo rayo del cielo y ambos volvieron a la forma que tenían antes; es decir: el niño en niño, el loro en loro. Por supuesto, no eran más que mentiras.
Al decir la palabra mentira, Eduvigis hace una pausa larga y mira atentamente a Bolodo para pescarle una reacción. Nada fuera de lo esperable, Bolodo escucha impasiblemente sorprendido.
Entonces el loro se deprime, continúa Eduvigis, y empieza a desplumarse como hacen los loros locos, y el niño se olvida del loro y hace vida de niño. Ahí termina el relato.
Bolodo escucha atónito. Luego, cambiando de tema, le pide a Eduvigis 50 monedas para dejarle ocupar una habitación.
Te tengo que cobrar porque es una tradición de la zona, sabés que no te cobraría si fuera por mí.
¡Otra mentira espantosa! Pero Eduvigis no emite ningún comentario.
No tengo monedas, le dice a Bolodo.
Pero enseguida siente que sus bolsillos están llenos de metales pequeños. Mete una mano y saca monedas de níquel, de otro bolsillo saca monedas de cobre y en sus calzoncillos encuentra varias moneditas de hierro. Deben ser del basurero, deduce Eduvigis.
¿Te puedo pagar con estas monedas?
Sí claro, le dice Bolodo.
Eduvigis junta todo lo que tiene en los bolsillos en un montón dentro del hueco de sus manos; pero cuando extiende las monedas hacia B, éstas se convierten en un puñado de herrumbre.
No te preocupes, le dice Bolodo, me van a servir igual.

La habitación que le destina Bolodo tiene dos camas, es amplia y muy limpia. Eduvigis se acuesta desnudo en una de las camas, apaga la luz de un pequeño velador y se tapa con una sábana blanca. Apenas cierra los ojos, alguien se mete a su lado en la cama.
Soy Autre, dice una voz de hombre.
De una habitación contigua, Eduvigis escucha cuchicheos que no comprende, pero le parece advertir que una de las voces es la de Bolodo. Ese imbécil, piensa Eduvigis. Ese imbécil me está queriendo joder, piensa Eduvigis. Autre le dice que no se preocupe, que nadie más que ellos sabrá lo que suceda en la habitación.
Mejor callate, le dice Eduvigis, yo estoy muy cansado y no quiero que me jodan.
Autre se arrincona en la cama, tratando de ocupar el menor espacio posible.
Podés usar la otra cama, le dice Eduvigis.
No, le dice Autre, acá estoy muy bien.
Eduvigis quiere objetar, pero tras pensarlo opta por levantarse y cambiar de cama; pero no puede hacerlo porque le empiezan a doler las heridas de los pies y se siente inmensamente cansado. Cae en una duermevela que no puede controlar e inmediatamente queda dormido.
Despierta de golpe, cuando siente una mano de mujer que le acaricia la espalda. Eduvigis teme que sea la mano de Autre, no ha olvidado al intruso, por tanto prefiere perder la conciencia antes que enfrentar una situación tan incómoda. Intenta infructuosamente quedar dormido. Pero no puede porque siente que efectivamente son manos de mujer las que lo acarician, manos delgadas y suaves, definitivamente femeninas, y acarician tanto su espalda como la de Autre, quien sigue acostado al lado de Eduvigis. La mujer que les acaricia está acostada entre los dos. Primero acaricia a Eduvigis y después a Autre y después otra vez a Eduvigis. El cuerpo de la mujer acostada entre los dos es pequeño, cálido y húmedo. Eduvigis comienza a sentir nuevamente los embates de un sueño incontrolable. Trata inútilmente de conservarse despierto.
Podés dormir tranquilo, le dicen a coro las voces de la mujer y de Autre.
Eduvigis escucha que Autre se levanta de la cama, se despide de la mujer con un beso y abandona la habitación.
Ahora vos sos mío y voy a ocupar tu interior, dice delicadamente la mujer.
Eduvigis no puede mantener los ojos abiertos, ¡tan cansado está!, pero disfruta enormemente cuando la mujer le acaricia el pecho, luego el estómago, baja la mano hasta su pubis.
La mujer empieza a presionar en círculos el pubis de Eduvigis. La mano de la mujer presiona más y más, hasta que corta la piel. ¡Qué susto! Eduvigis se sienta de súbito en la cama y trata de empujar a la mujer lejos de él, pero a su lado no encuentra a nadie. Enciende la luz del velador y más que un empalagoso olor a perfume, no hay rastros de otra persona en la habitación.
Entonces levanta las sábanas y se mira el pubis. Entre los pelos, hay algo informe y vivo agitándose un poco encima de su sexo. Por lo demás, no siente ningún dolor. ¿Qué será? Acerca la luz del velador para ver mejor: una especie de cucaracha, grande como una mano pequeña, hace fuerza con sus patas para introducirse de cabeza dentro del cuerpo de Eduvigis. El insecto tiene la piel transparente, color verde musgo y parece blando como un estómago.
Eduvigis siente un asco violento. Nauseas. Pero no atina una reacción. Cuando el bicho empieza a atravesarle la piel, Eduvigis lo atrapa de un manotazo y el bicho revienta en sus manos. Desesperado, arroja el órgano reventado lejos de la cama, contra la pared.
Poco a poco la agitación de Eduvigis entra en calma. Acerca nuevamente la luz del velador y se pone a mirarse la herida en el pubis. Está listo para lo peor. Pero lo que ve es realmente lindo. Le llena de ternura hacia sí mismo. Eduvigis ve la carne perforada del pubis, roja, es como una dulce y pequeña vagina.




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7 comentarios:

marichuy dijo...

Hola Ever

Y Eduvigis que temía a Autre, mira por donde le saltó la sorpresa ¡!

Me quedan una duda:

¿La cucaracha verde podía asemejar las caricias de una mujer? ¿o la mujer tenía el poder de transformarse en cucaracha? En México existe una creencia muy antigua –data de la época prehispánica- sobre los nahuales, quienes se supone son la materialización física de nuestro espíritu animal. Y las leyendas en torno a personas que podían transformarse en algún animal, abundan… que sean ciertas, ya es otro cantar. Pero tú historia de esta cucaracha verde que acaricia como mujer y logra la transformación de Eduvigis, me las recordó… aunque yo preferiría otro animal, je.

Saludos

Saludos

A dijo...

Me hiciste recordar un libro llamado 'las cucarachas no tienen rey' sobre una cuca que pretende provocar un rompimiento entre el judio (dueño de la casa que habita su colia de cucas) y su mujer. En algun punto se enamora de ella, y hay un momento parecido -pero mas escatoligico- al que narras.

Gracias por compartir, buena lectura

Besos boricos
A.

N. dijo...

Es hermosamente asqueroso este relato. onirico por todos lados, uno de mis preferidos. a veces quisiera ser cucaracha... los agujeros en los pies... la dimension de los cuerpos cobran fuerza en las palabras. me impacta como logras involucrarlo en algo tan plano como una letra.
me hace acordar a un perro mio que sufria agujeros por las moscas y en consecuencia los sueños que crecian por mis perforaciones.
besos con agujeros por donde meterse.
N.
Pd; muchos buenos pensamientos me trae este cuento alla por el 2007.

N. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
mariano skan dijo...

Extraño relato, parece un sueño, ya lo dijo N, además la pasividad de Eduvigis es pesadillesca, no hace nada por afrontar su malestar o lo rinde el sueño. El bicho que se mete en el pubis me hizo acordar al bichito de matrix pero éste tiene la misión de crearle una vagina que por su parte Eduvigis recibe bien.Me gustó la atmósfera, como el cuerpo del protagonista es lastimado desde el comienzo.
muy bueno Ever

mafalda dijo...

...

De inicio estaba intrigada, a Eduvigis me la muestras con nombre femenino y dices "él".

Luego la transformación de ave en niño, la permanenecia del niño. Luego Autre metiéndose en la cama de Eduvigis.
Por último la mujer, que deja su esencia y dirección así como la certeza de quién es Eduvigis.

La cucaracha casi me hace vomitar.
Me gustó la dimensión en la que envolviste el "yo" y la propia búsqueda, así como el reconocimiento.

Saludetes.

Mafalda

e. r. dijo...

Gracias NAtuchín...
ya te sigo comentando en casa. beso