domingo, 27 de abril de 2008

Apuntes sobre la caída de la ANR

Por Arístides Ortiz

El 20 de abril quedará grabado en la historia polìtica del paìs como el hito más significativo en el proceso de consolidación democrática que tiene su punto de partida en el golpe de Estado de 1989. Ese modelo de Estado que comenzó a construirse luego de la victoria bélica colorada en la revolución de 1947. Y justamente los constructores y administradores hegemónicos de aquel Estado cayeron en las elecciones por voluntad de las mayorías populares. Esta caída tiene sus causas mediatas e inmediatas, las que, en orden de importancia, ensayamos en los puntos que siguen abajo:

Uno. Las grandes mayorías sociales excluidas, expresadas por aquellos electores que el 20 depositaron sus votos, resolvieron la caída del centenario partido. Hartos y desencantados de un Estado que en su momento habían convenido con la dirigencia colorada por diferentes factores (miedo, represión, utilidad económica y política, contexto internacional) pero que hoy ya no les sirve (más aún, les perjudica), aprovecharon la opción que la coyuntura les ofreció: un ex obispo que tocó sus íntimas fibras, una figura cargada de los símbolos del complejo Ethos Social de este lugar del mundo. Así, el 20, tranquilos, callados, con ese dejo de burla propio del mestizo guaraní-español, acordaron con el proyecto Lugo, un proyecto que, saben ellos, es incierto pero que les da posibilidades de futuro. Un proyecto que se fortalecerá toda vez que ese mismo Ethos vaya modificando sus relaciones sociales, sus relaciones de poder, y toda vez que Lugo satisfaga sus necesidades. Esta respuesta popular se enmarca dentro de la lucha de clases, de los explotados contra los explotadores, que se manifiesta con las particularidades y complejidades de la cultura paraguaya y del momento de desarrollo actual del Sistema Capitalista. Esta es, sin dudas, la causa más honda de la caída de la ANR.

Dos. La descomposición del Estado Oligárquico Colorado (Palau y Lara Castro) llegó a su pico más putrefacto e inservible. El orden interno de este Estado que Stroessner había consolidado, sostenido en la prebenda, el clientelismo y el autoritarismo (Lara Castro) alcanzó un debilitamiento tal que generó (genera) una desintegración social (miserabilización, hambruna de la población) e institucional (desorden en la administración del Estado) (Palau): ineficiencia, robo e insensibilidad abiertos en la administración no sólo de los recursos del Poder Ejecutivo, también del Poder Judicial y del Poder Legislativo. Agotado el modelo ideológico, económico y político diseñado por las élites coloradas y que sirvió, con sus luces y sus sombras, a las mayorías por más de cuatro décadas, no queda otra que intentar otro modelo que debe construirse en el tiempo.

Tres. Los vientos políticos y económicos actuales de la región vienen impulsando proyectos progresistas de consolidación de un modelo del Estado Social de Derecho, de redistribución de la riqueza, de recuperación de los recursos naturales y energéticos, de respeto a la voluntad popular expresado en las urnas, de integración de estados; viento que surge de la más radical revolución simbólica anticapitalista registrada en los últimos años en Latinoamérica: El movimiento zapatista, que potenció a los movimientos sociales del continente. Un proceso regional diferente en velocidades y formas políticas de acuerdo a las condiciones particulares de cada país. Todo esto ocurre dentro de un proyecto de consolidación de las llamadas democracias liberales de los países periféricos del Capitalismo, de contestación a los Estados Centrales Imperiales y de confrontación contra las viejas oligarquías latinoamericanas. En este contexto también se entiende la caída de la ANR.

Cuatro. El agotamiento de aquel Estado fue devorando progresivamente a sus progenitores, desintegrando internamente al viejo partido a partir de 1989. Una desintegración ética y política de sus dirigentes. Este proceso de desintegración pasó por el fraude a Luis María Argaña en las internas de 1992; el enfrentamiento entre el wasmosismo y el oviedismo expresado en el intento golpista de 1996; el asesinato de Argaña en 1999 que provocó el Marzo Paraguayo; la formación del Partido Unace en el 2002; la crisis por los resultados de las internas de diciembre del año pasado; la imposición de una candidatura, la oficialista, extraña a la cultura y al gusto colorados, y la fuga (ausentismo y voto por Lugo y Oviedo) de miles de votos colorados en las elecciones pasadas.

Cinco. El decidido apoyo de sectores modernizantes de la oligarquía paraguaya, algunos propietarios de influyentes medios de comunicación, a la candidatura de Lugo. Estos imaginan un proyecto neoliberal con maquillaje social y legal que supere la inutilidad del modelo de Estado stronista, un proyecto que puede estar considerando a Lugo como una simple transición hacia otro estadio. Esto trajo un apoyo mediático que incidió en los resultados de las elecciones generales, ya que fue operado principalmente por los medios más influyentes del país: ABC Color y Canal 4, Telefuturo.

Seis. El planificado y dirigido voto castiglionista hacia Lugo, Oviedo y hacia la opción de no ir a votar. Al no realizar campaña electoral por la candidata colorada; más aún, al instruir a los dirigentes intermedios de su movimiento interno a desalentar el voto por Blanca Ovelar, con el apoyo político de la Embajada Norteamericana y de los sectores oligárquicos modernizantes, Castiglioni y sus principales colaboradores contribuyeron en forma importante para la derrota colorada.

Siete. El desbordante liderazgo de Nicanor Duarte Frutos que atizó con duros ataques el miedo del sector de poder hegemónico de la oligarquía, el empresariado agroexportador, y de algunos sectores empresariales de servicios como el Grupo A.J.Vierci; además, Nicanor violentó la cultura colorada al imponer a una mujer como candidata de un partido reaccionario como la ANR. Su personalidad narcisista e intolerante hizo que se ganara el rechazo de muchos de sus correligionarios y de sectores sociales fuera del Partido Colorado.

martes, 22 de abril de 2008

En verdad es justo y necesario…

Es necesario escribir un poema,
me dice Bazzano
desde el cel atolondrado
que despierta suspicacias
en la madrugada loca
de luces
y
de polcas.

Es necesario escribir un poema
-insiste a ras del saldo-
porque aquí hoy pasa algo,
más allá de lo previsto
más acá de lo olvidado

y
ríen las estrellas
que un día fueron huesos,

y
grita la luna un gol olímpico
a boca llena como un cielo,

y
danza sola un imposible
en el escenario de los sueños.

Pero ahora estoy durmiendo
-respondo enronquecido
de voz semi ruda
como suenan esas voces
cuando uno se levanta
y pareciera que se despierta-.

Es madrugada loca
en el centro de la alegría
y mis párpados protegen
los tibios ojos
tristes
que vieron una mañana
despertar enormecidas
a la vida
y
a la esperanza
juntas a todo este calvario.

Pero es necesario escribir un poema
-insiste Carlos Bazzano-,
y yo entonces me pregunto
si por si acaso,
en una de esas,
no estaré soñando
y todo esto sea una broma

mbóre
y
pervertida

del
destino acostumbrado
a las mil derrotas
y
a los mil fracasos.

¿No será esto tan
sólo
un
sueño
y en la realidad de afuera
en verdad no esté pasando nada
más allá de lo previsto
o
más acá de lo olvidado,

ni dance un imposible
en el escenario de los sueños

ni quizás haya escenario
ni tal vez exista el sueño
porque en realidad
sólo sólo
estoy soñando
y la realidad,
algunas veces,
se parece
tanto tanto
a lo que fue otro viejo
sueño…?


Vaya vaya
-digo en mi cabeza-…
Qué intermitencia de la conciencia.
Qué delirio adormecido
habita en la vigilia

nebulosa
y
despechada

de la madrugada enloquecida
que retumba
y
se desborda
en el centro exacto
de una alegría
que
retorna engrandecida
a mi cel atolondrado
que amplifica en mi
oreja izquierda
la voz de duende loco
del Bazzano enmadrugado
que me dice
y me repite que
García:
es necesario escribir un poema,
García, es necesario…

Entonces me despierto
como se despierta un dormido
(sencillamente y de repente)

y
escucho los ecos
de la gente que camina,

y
veo los ojos de los muertos
que nos miran,

y
siento los pasos
de esta tierra que respira…


Estoy despierto,
veo,
y ahora me pregunto
de qué se estará tratando
esta locura que me rodea.

¿Qué está pasando?,
le pregunto
a Bazzano
refugiado entre sus
sombras encarnadas
en la carcaza diminuta
de mi
gris teléfono atareado.

Y Bazzano me responde
(simplemente y sin recaudos)
que
solamente está pasando, García,
solamente está pasando…

Y que sólo es necesario
que se escriba algún poema.

Porque
simplemente es tan necesario
que se escriba este poema…

eulo garcía

21 de abril de 2008
Barrio Sajonia
República Independiente del Paraguay
(suena lindo esto no…?)

martes, 1 de abril de 2008

Llovizna & actitud dramática ante la vida

I

Esta madrugada de llovizna que escojo para empezar estas líneas (como dicen los redactores de cartas) me atrapa con la cabeza en blanco y tras mucho esfuerzo por atrapar ideas me pongo a pensar por donde empezar esto que estoy escribiendo y la cosa me resulta complicada. Y empiezo a pensar, tal vez porque el sonido de la llovizna se asemeja al sonido de fondo de las AM, en los quejumbrosos programas de radio de las mañanas en los que a cada rato alguien llama porque algo trágico pasa en su vida. Pero por sobre todo pienso que es de madrugada y llovizna. Hasta ahí todo bien, tal vez podría comenzar agregado que si esta llovizna, aunque creo que más precisamente debo decir lluvia, esté cayendo de madrugada es una bendición, porque de lo contrario (drama), si estuviera cayendo durante el día (catástrofe), causaría tal complicación en el tráfico que yo estaría escribiendo completamente angustiado esta carta porque me sería imposible salir de casa y no estaría escribiendo tranquilo como ahora pensando en lo que ha pasado de importante y que pueda interesarle a ustedes, mis amigos. Y para colmo habría un montón de gente quejándose por radio.
También pienso que son tantos los detalles que transcurren durante el día, tan difíciles de asimilar cada uno, y al darme cuenta de que pasa tanto cada rato me pierdo completamente y ya no sé decir ni qué cené hoy. ¿Arroz blanco? ¿Café negro con pan? ¿Fideos con salsa? ¿Tabaco? Este es el gran favor de la ciudad de Buenos Aires: hacerme sentir constantemente perdido. Es bueno que haya tanta gente a quien preguntar para guiarme. ¿Guiarme adónde? Saco mi Guía T y busco: Jean Jaures 834. Aquí estoy. Llueve. La radio está apagada.


II

Antes de ayer me encontré en el colectivo de la línea 68, el colectivo que tomo para ir al trabajo, a una profesora de inglés que me dijo, con la cara crispada de rabia, que el 68 no termina de dar vueltas al pedo en vez de seguir derecho por Cabildo y acortar el trecho. La profesora de inglés estaba sentada en el asiento de al lado y habló como para que yo la escuche. Me puse a pensar en la línea 13 de Asunción, que, según dicen, pasa por cada rincón de la ciudad, sin ahorrarse ninguna esquina, por lo menos dos veces hasta llegar a un incierto destino (¿tiene parada el 13?), y luego me puse a pensar en el trolebús de Córdoba que gira alrededor de la ciudad en un círculo interminable, y también me puse a pensar que al fin y al cabo esto no es tan importante y le dije a la profesora de inglés que en dos vueltas más estaríamos sobre la avenida Cabildo y ahí el 68 seguiría derecho. Drama. Con sus vueltitas nos roba media hora de tiempo, me dijo. No tarda más que cinco minutos, le respondí yo. Catástrofe. Me miró con los ojos tan encendidos que tuve que agregar enseguida: da vueltas al pedo este micro. Luego le dije, quizá para aplacarle los ánimos, que un mexicano con el que había hablado hace poco me dijo que Buenos Aires es una ciudad de gente tranquila. Drama. ¡Tranquila! ¡Pero si la gente está loca!, me dijo. Entonces le dije que el mexicano era del DF y que el infierno estaba allí. Catástrofe. Me miró cómo diciéndome que hay infiernos por todos lados y que este, en el que estábamos los dos, era el que nos estaba haciendo pagar. ¡La gente de acá está loca!, me dijo otra vez. Como ya me estoy acostumbrando al dramatismo porteño ante la vida, dramatismo por otra parte puramente verbal, asentí simplemente. ¿Vos sos mexicano?, me preguntó. Drama. No, le dije, paraguayo. Ahh, dijo la profesora de inglés, tenés un acento que parece mexicano, pero también chileno, es raro, tengo una amiga que es paraguaya y no habla como vos, sino como porteña, y otros conocidos paraguayos que hablan cada uno con un acento diferente y los albañiles son lo peor, no se los entiende nada. Así es, le dije, hay muchos acentos en Paraguay, depende de la región y de lo que uno come, supongo. Mi amiga es rubia, continuó la profesora, y uno de los albañiles del colegio es rubio también y los otros paraguayos que conozco son morochos; vos no sos ni rubio ni morocho. Y sí, además de acentos hay gente de muchas razas, le dije, como si hablara de perros, lo cual bien mirado no carece de sentido. Lo único en común que tienen todos los paraguayos (catástrofe), le dije, es su morboso amor por el color rojo -especifiqué: rojo de la sangre, rojo del partido colorado y, en círculos selectos, la marihuana de punto rojo.
Y también tienen en común, continué dramáticamente, que casi todos se están muriendo de hambre y desesperación. Luego aclaré: en realidad muy pocos se desesperan porque del hambre no hay tiempo.
Entonces la profesora de inglés se rió y yo también me reí, y por un instante comprendí el dramatismo porteño.


III

Paró de llover, no se escucha ningún auto que pasa, probablemente no pueden circular autos porque las calles están inundadas, ¿enciendo ahora la radio?, no, mañana, ¿llamaré?, drama, seguramente mañana escucharé por radio las quejas por las inundaciones, seguramente escucharé un montón de quejas por la radio, quejas inimaginables y otra muy esperables, en fin, seguramente tendré por fin un motivo para llamar a la radio y quejarme a mi vez en la radio, y el motivo será, por supuesto, el itinerario estúpido de los colectivos. No. No llamaré, qué me importa el itinerario de los colectivos, por mí que se vayan al carajo, me gustaría quejarme por radio, si necesito un motivo para quejarme por radio sería otro que el itinerario de los colectivos o las inundaciones, y mi queja la haría efectivamente en la radio paraguaya que se escucha aquí, en la radio paraguaya me quejaría primeramente de las guaranias malparidas que no dejan de poner y me quejaría del acento autosuficiente con que los locutores hablan de las virtudes del Paraguay, como si no hubieran vivido allí los cretinos, y me quejaría de la historia que les toca vivir a mis amigos, en el infierno cotidiano de la hermosa y sucia y podrida bahía asuncena. Y acto seguido, por supuesto, mandaría besos para todos.


IV

Han vuelto a caer algunas gotas de agua esta madrugada, y si aguzo el olfato puedo oler una leve fetidez que sube por las calles y se mete por la ventana hasta donde estoy yo ahora escribiendo esta carta para el insomnio, esta carta maloliente y para colmo vueltera, casi como la línea 68, casi como la línea 13. ¿No es esto dramático?






17-marzo-2008