domingo, 20 de julio de 2008

Los dEvanE0s dE la FORMA



Acabo de hojear Bakakai de Witold Gombrowicz y me he puesto a pensar (pues sí, a pensar). Creo que con este libro, personalidades como las que citaré a continuación -argentinos todos puesto que Buenos Aires es la ciudad donde vivió por más de 20 años- podrían verse como particulares del escritor polaco.




La cadena sería así: Copi el hijo mayor, pero habilodoso adulterador de consanguineidades se mezcla con Jean Lorraine (su pasión de loca y el delirio por una prosa que toma protagonismo en las historias y supera y deja de lado a lo relatado, caso también aplicable, pero más aburrido, como estreñido, a Aira), Barbey d'Aureville (quizá la sombra decadente que más esquiva copi, pero que en libros como Une langouste pour deux, o el inencontrable La cité des rats, aparece demodé, como un guante dado vuelta, con humor) y, por supuesto, Juan Rodolfo Wilcok, del que Copi es también maestro y del que, tal vez, no leyó nada. Es también probable que el conocimiento de Copi de la obra de Gombrowicz sea mínimo. Ferdydurke seguro. ¿Pero el resto? No creo que se justifique darle un lugar en esta lista.

El segundo, de veta más sodomita y neurótica, sería el cha cha chan: Osvaldo Lamborghini, el lector de Marx ilustrado por Guido Crepax, alias Neutrón, autor de la incontenible Valentina. Sus desvaríos con el sexo como instrumento de sometimiento y al lenguaje como instrumento de somentimiento y a la literatura y, cómo no, la política como instrumentos de sometimiento, lo cercenan de ser un seguidor tradicional, o continuador, de Gombrowicz. Como es el caso de, por ejemplo, Bizzio respecto a Aira. Pero a la vez es uno de los más cercanos al poláco, por esa actitud ante la escritura como la de un derviche ante las estrellas y ser, a la vez, un dandy. Muchos de los temas de este libro, Bakakai, son mejorados por Lamborghini, pero no mejorados estéticamente sino ilustrativamente, que es decir casi lo mismo, pero que por supuesto no es decir lo mismo. Al contrario, es decir completamente otra cosa: Gombrowicz expone y atormenta el horror, el horror de la filosofía positivista, llena de baches, que controla la vida de occidente; mientras que el argentino es expuesto y atormentado por el horror, el horror de las clases sociales positivistas que controlan y reducen al simple gesto todo intento de hacer filosofía o literatura. Pero ambos dos son, indudablemente, por sobre todo, estétas; así que en el fondo sus postulaciones no son más que dos caras de una misma moneda, la moneda de la IDEA que gira y gira y no podemos más que atrapar su espectro en instantes fugaces.


El caso de César Aira es más complejo, pues del polaco tomó por sobre todo la valentía y atacó directamente a las convenciones literarias. A partir del socavamiento de las convenciones, empieza a erigirse una estética que será otra vez una convención, pero una convención siempre esquiva, por bordear como un malabarista la trivialidad. Aira se vale de Bioy Casares, el gran emprendedor de disparates fantasiosos de la literatura argentina, analiza, retoca y humoriza su prosa y a partir de ahí arranca uno de los tramos más divertidos de la literatura actual. Bueno, divertido es un decir; pues de tan repetido el asunto ahora Aira es serio, cíclico, obsesivo. La FORMA, tan analizada en los libros de Gombrowicz, ha atrapado a Aira y lo ha hecho su títere. Jamás podremos aproximarnos a su tormento, pues la gracia del baile alrededor de la frivolidad nos encandila. Pobre Aira.

En fin, otros autores de la literatura argentina han bebido de las aguas gombrowiczianas. Ni que decir de autores de otras latitudes. Son un montón, no es posible conocerlos a todos, no acabarán nunca de aparecer nuevos.



Pd: Si hacen click sobre el nombre de los autores encontrarán sus obras.

2 comentarios:

Humberto dijo...

ndee, nos habemus frente a un sabueso rastreador de pedigree...
interesante línea genealógica...por ahí agregaría a un Zelarayan, y arrimar un poco al escueto y recientemente ex-tinto, Jorge "Didi" Paola...
salud everest

e. r. dijo...

Ey! de ser posible alguna coisa del Zelarayan mandiame pué, que le damos lectura y a lo mejor agrandamos parentela. El didi debe estar, seguro, discípulo fiel, pero como soy infiel lector lo ignoro por ignorancia... Salude, humbert humbert