martes, 1 de abril de 2008

Llovizna & actitud dramática ante la vida

I

Esta madrugada de llovizna que escojo para empezar estas líneas (como dicen los redactores de cartas) me atrapa con la cabeza en blanco y tras mucho esfuerzo por atrapar ideas me pongo a pensar por donde empezar esto que estoy escribiendo y la cosa me resulta complicada. Y empiezo a pensar, tal vez porque el sonido de la llovizna se asemeja al sonido de fondo de las AM, en los quejumbrosos programas de radio de las mañanas en los que a cada rato alguien llama porque algo trágico pasa en su vida. Pero por sobre todo pienso que es de madrugada y llovizna. Hasta ahí todo bien, tal vez podría comenzar agregado que si esta llovizna, aunque creo que más precisamente debo decir lluvia, esté cayendo de madrugada es una bendición, porque de lo contrario (drama), si estuviera cayendo durante el día (catástrofe), causaría tal complicación en el tráfico que yo estaría escribiendo completamente angustiado esta carta porque me sería imposible salir de casa y no estaría escribiendo tranquilo como ahora pensando en lo que ha pasado de importante y que pueda interesarle a ustedes, mis amigos. Y para colmo habría un montón de gente quejándose por radio.
También pienso que son tantos los detalles que transcurren durante el día, tan difíciles de asimilar cada uno, y al darme cuenta de que pasa tanto cada rato me pierdo completamente y ya no sé decir ni qué cené hoy. ¿Arroz blanco? ¿Café negro con pan? ¿Fideos con salsa? ¿Tabaco? Este es el gran favor de la ciudad de Buenos Aires: hacerme sentir constantemente perdido. Es bueno que haya tanta gente a quien preguntar para guiarme. ¿Guiarme adónde? Saco mi Guía T y busco: Jean Jaures 834. Aquí estoy. Llueve. La radio está apagada.


II

Antes de ayer me encontré en el colectivo de la línea 68, el colectivo que tomo para ir al trabajo, a una profesora de inglés que me dijo, con la cara crispada de rabia, que el 68 no termina de dar vueltas al pedo en vez de seguir derecho por Cabildo y acortar el trecho. La profesora de inglés estaba sentada en el asiento de al lado y habló como para que yo la escuche. Me puse a pensar en la línea 13 de Asunción, que, según dicen, pasa por cada rincón de la ciudad, sin ahorrarse ninguna esquina, por lo menos dos veces hasta llegar a un incierto destino (¿tiene parada el 13?), y luego me puse a pensar en el trolebús de Córdoba que gira alrededor de la ciudad en un círculo interminable, y también me puse a pensar que al fin y al cabo esto no es tan importante y le dije a la profesora de inglés que en dos vueltas más estaríamos sobre la avenida Cabildo y ahí el 68 seguiría derecho. Drama. Con sus vueltitas nos roba media hora de tiempo, me dijo. No tarda más que cinco minutos, le respondí yo. Catástrofe. Me miró con los ojos tan encendidos que tuve que agregar enseguida: da vueltas al pedo este micro. Luego le dije, quizá para aplacarle los ánimos, que un mexicano con el que había hablado hace poco me dijo que Buenos Aires es una ciudad de gente tranquila. Drama. ¡Tranquila! ¡Pero si la gente está loca!, me dijo. Entonces le dije que el mexicano era del DF y que el infierno estaba allí. Catástrofe. Me miró cómo diciéndome que hay infiernos por todos lados y que este, en el que estábamos los dos, era el que nos estaba haciendo pagar. ¡La gente de acá está loca!, me dijo otra vez. Como ya me estoy acostumbrando al dramatismo porteño ante la vida, dramatismo por otra parte puramente verbal, asentí simplemente. ¿Vos sos mexicano?, me preguntó. Drama. No, le dije, paraguayo. Ahh, dijo la profesora de inglés, tenés un acento que parece mexicano, pero también chileno, es raro, tengo una amiga que es paraguaya y no habla como vos, sino como porteña, y otros conocidos paraguayos que hablan cada uno con un acento diferente y los albañiles son lo peor, no se los entiende nada. Así es, le dije, hay muchos acentos en Paraguay, depende de la región y de lo que uno come, supongo. Mi amiga es rubia, continuó la profesora, y uno de los albañiles del colegio es rubio también y los otros paraguayos que conozco son morochos; vos no sos ni rubio ni morocho. Y sí, además de acentos hay gente de muchas razas, le dije, como si hablara de perros, lo cual bien mirado no carece de sentido. Lo único en común que tienen todos los paraguayos (catástrofe), le dije, es su morboso amor por el color rojo -especifiqué: rojo de la sangre, rojo del partido colorado y, en círculos selectos, la marihuana de punto rojo.
Y también tienen en común, continué dramáticamente, que casi todos se están muriendo de hambre y desesperación. Luego aclaré: en realidad muy pocos se desesperan porque del hambre no hay tiempo.
Entonces la profesora de inglés se rió y yo también me reí, y por un instante comprendí el dramatismo porteño.


III

Paró de llover, no se escucha ningún auto que pasa, probablemente no pueden circular autos porque las calles están inundadas, ¿enciendo ahora la radio?, no, mañana, ¿llamaré?, drama, seguramente mañana escucharé por radio las quejas por las inundaciones, seguramente escucharé un montón de quejas por la radio, quejas inimaginables y otra muy esperables, en fin, seguramente tendré por fin un motivo para llamar a la radio y quejarme a mi vez en la radio, y el motivo será, por supuesto, el itinerario estúpido de los colectivos. No. No llamaré, qué me importa el itinerario de los colectivos, por mí que se vayan al carajo, me gustaría quejarme por radio, si necesito un motivo para quejarme por radio sería otro que el itinerario de los colectivos o las inundaciones, y mi queja la haría efectivamente en la radio paraguaya que se escucha aquí, en la radio paraguaya me quejaría primeramente de las guaranias malparidas que no dejan de poner y me quejaría del acento autosuficiente con que los locutores hablan de las virtudes del Paraguay, como si no hubieran vivido allí los cretinos, y me quejaría de la historia que les toca vivir a mis amigos, en el infierno cotidiano de la hermosa y sucia y podrida bahía asuncena. Y acto seguido, por supuesto, mandaría besos para todos.


IV

Han vuelto a caer algunas gotas de agua esta madrugada, y si aguzo el olfato puedo oler una leve fetidez que sube por las calles y se mete por la ventana hasta donde estoy yo ahora escribiendo esta carta para el insomnio, esta carta maloliente y para colmo vueltera, casi como la línea 68, casi como la línea 13. ¿No es esto dramático?






17-marzo-2008

2 comentarios:

Jazmín dijo...

Parece que la lluvia es jodida en todos lados
y ni que decir el melo del drama
al que nos retrotrae
para mi que es el olor a lluvia
ese que viene re caradura
se te instala humedeciendo los huesos
y haciendo temblar recuerdos
de otros días
a lo mejor lluviosos también
Algunos culebrones seguro fueron escritos en días de lluvia
Y lo de los colectivos, no sé...
yo me relajo tanto que me duermo
o voy cantando
y convenciéndole a algunos que estoy loca
que re pega
sobre todo en un 18 o en un 3
mas cuando vivís hacia el aeropuerto
con 38 grados en plena siesta
para empezar fresquita la tarde
sola
con sólo charcos fantasmagóricos que ves
si te decidís a entornar un poquito los ojos
y así...
fresca de lluvias
me logro pasear a veces
again
y otra vez

Anónimo dijo...

desde el pseudónimo floral aromático y bobo de mosca muerta ya se nota lo imbécil que es esta mina jazmín, pero el texto del blogger aunque no tan inefablemnente aquejado de sindrome de down y taras similares como el comment es kaigue y aburrido hasta el bostezo. va anonimo para joder a fondo pero impunemenbte por diversion de tekorei sin consecuencias q soy, q tal? rompi los kinotos? pega ;-p